«The handmaid’s tale», el «Nacimiento de Venus» de las series

Hoy voy a dejar Netflix aparcado. A pesar que mañana vuelva por Stranger Things (por desgracia, el día que escribí esto aún no la habían estrenado), me he ido un poco a la competencia. Estaba un poco cansada de Netflox, su gemelo malvado con producciones de mierda. Necesitaba una serie buena que me mantuviera maravillada, que me hiciera desear llegar a casa y ponerme un capítulo más. Y la encontré.

No es original de HBO. Es la serie con la que Hulu comenzó a hacerse un hueco entre las plataformas de streaming: The handmaid’s tale, traducido en castellano como “el cuento de la criada”, basa en su novela homónima. De forma resumida, de nuevo, es una distopía. Pero no es una distopía para adolescentes que venden acción y una realidad horrible como algo atractivo. No. Es adulta, es madura, es dura, es triste, es real, es compleja. Es perfecta.

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Tal y como dice el título, cuenta la historia de una criada. Una criada en la República de Gilead, los nuevos Estados Unidos. En un mundo donde el cambio climático ha destrozado casi el modo de vida de la gente, provocando, entre otras cosas, la esterilidad de la mayoría de su población. Los nuevos Estados Unidos han intentado sobrevivir de una forma no muy justa: se ha formado un estado totalitario, fanático, fascista, patriarcal donde maltratan, humillan y reducen a las mujeres que no son de clase alta como un mero objeto de propiedad del Estado. Aquellas que tienen la suerte de ser aún fértiles son secuestradas y obligadas a llevar una vida en las que son torturadas, violadas y adoctrinadas, llegando algunas a preferir el suicidio.
June, la protagonista intenta huir con su marido y su hija a Canadá pero el plan no les sale bien, se la llevan a un centro de instrucción y la destinan a la casa del comandante que había planeado junto a su mujer el golpe de Estado que convirtió el país norteamericano en Gilead.

¿Lo peor de The handmaid’s tale?

 Sí. Lo sé. He dicho que es perfecta. Y lo es, pero que sea perfecta no significa que no tenga cosas que no me hayan terminado de convencer. De hecho es una perfección tan elevada que chirría, que echas de menos algo colocado en otro sitio que estropee un poco el cuadro.

¿A qué me refiero con esto? Pues que está tan bien hecha, la historia es tan lógica, tan real que además de que seguramente Aristóteles la aplaudiría hasta quedarse sin manos, sabes lo que va a pasar. Te lo imaginas. Piensas: “si quisieran hacer las cosas bien, pasaría esto” y eso es justo lo que pasa. Intentan sorprender y en realidad, si uno no está pendiente—el problema es que a mí me sale solo—se quedaría planchado con algunos puntos de giro. He de admitir que en un par de cosas de los dos últimos capítulos sí me quedé algo sorprendida, también porque no lo había pensado demasiado. Si hubiera reposado los episodios un poco en vez de verlos seguidos, sí que me lo habría imaginado.

El problema es que quizás la serie no te logre sumergir tanto en ese agobio—que ojo, agobiante es, pero podría haberlo sido mucho más—porque no involucra tanto al espectador. Al saber de sobra que es evidente que alguien no está muerto, por ejemplo, le resta angustia. Sabes que no hay tanto sufrimiento, porque al final, las cosas mejorarán. Si se hubieran ocupado más de eso y hubieran proyectado más el guion, habría sido una serie, si cabe, muchísimo más emocional.

¿Lo mejor de The handmaid’s tale?

 No voy a decir “todo”, de forma general, como hago a veces, porque esta vez estoy hablando de una serie en la que se ve de forma muy concreta qué es lo que hace que se convierta en un producto de visionado obligado.

The handmaid’s tale tiene un montón de cosas objetiva e indiscutiblemente maravillosas pero hay una que a mí, de forma personal, me ha conquistado. Esas típicas escenas que te revuelven el estómago, que conectas con los que están detrás de las cámaras, con los que han pensado el símbolo, el significado. Que en definitiva, se convierte también en un acto comunicativo y se establece contacto con otra persona aunque estés solo delante de una pantalla.
En dos momentos muy concretos de la historia, hay dos mujeres que están devastadas, que creen que han tocado fondo en el pozo, a las que han humillado, a las que les han quitado todo. Primero se resignan y agachan la cabeza. Después, se lo piensan dos veces y sacan fuerzas de donde no la tienen. Liberan sus pulsiones, demuestran que no son un objeto, que tienen poder, como narra su protagonista, parecen “invencibles”.
Las dos se manchan de sangre, las dos dan una lección a los hombres y a todos los opresores cómplices de ese sistema injusto y en ese momento, las dos son mujeres conductoras.

Lo podemos ver en Psicosis y en Kill Bill. Las mujeres transgresoras, las que pueden con todo, las que tienen valor de asumir papeles que por tradición se les ha restringido a favor de los hombres son las mujeres conductoras. Para más inri, durante toda la ficción, se le da mucha importancia a la profesión de chófer, siempre cosa de hombres.
Moira y Emily, dos chicas homosexuales y fértiles, triplemente malditas en Gilead, roban un coche, llenan sus manos del mismo color que la ropa que las obligan a vestir, agarran el volante en un primer plano, con la mirada clavada en el espectador y pisan el acelerador.
— ¿Qué está haciendo?—pregunta una de las chicas más inocentes.
—Conduciendo—responde June, la protagonista.
Y eso es todo lo que se necesita para coronarse cinematográficamente hablando. Ha sido lo más precioso que he visto en mucho tiempo. No había recibido un golpe así desde la escena final de Wilson Fisk mirando la pared blanca de su celda en Daredevil.

Yendo ya a lo obvio, que no es que no me guste, porque me ha impresionado muchísimo pero distinto a lo anterior porque es menos personal, hay unas cuantas cosas que merecen la atención de todas las personas que buscan algo más que una sitcom que poner de fondo durante la cena.

Las interpretaciones de todos son tremendas. No hay ningún actor que lo haga mal pero en especial, Elisabeth Moss, que interpreta a June/Offred, Samira Wiley, que es Moira y Madeline Brewer, Janine/Ofwarren. La protagonista lleva un peso psicológico y emocional tremendo y ha sido todo muy real, aunque para mi gusto de las tres es la que menos meritorio me parece porque no ha sido un papel tan brutal como el resto. En concreto, Madeline ha sido la mejor con diferencia. Su personaje es alguien que se pasea entre el límite de la cordura y la locura, una cosa muy complicada de conseguir que la actriz ha logrado de diez redondo. Por último Moira me ha ganado porque es capaz de conseguir que cualquiera se ría a carcajada limpia con comentarios ingeniosos totalmente naturales que si los dijera otra no quedarían bien; pero ella lo logra sin mover ni un milímetro la comisura del labio. Siendo totalmente seria logra hacer reír y aportar un poco de comedia sin ser comedia. El momento “pareces la puta de Babilonia” me obligó a parar el capítulo.

La fotografía es otro de sus puntos fuertes pero no me refiero a la fotografía de una serie como 13 reasons why, donde la producción es maravillosa porque tienen dinero suficiente como para escoger a profesionales eficientes y material de calidad que garantizan una ejecución del proyecto impecable. No. Esto va más allá. 13 reasons why es lo que podría hacer el niño pijo de la clase con los cacharros más caros que papá y mamá le compran. The handmaid’s tale es la obra de arte que consigue el niño con talento si el malcriado le presta los medios.
La forma de crear composiciones, de usar los colores como símbolo. De esas criadas caminando juntas vestida del color de la sangre entre la nieve blanca, el color de la castidad, los primeros planos que en la posmodernidad se han convertido en un elemento más de la narrativa a pesar de que hace años habría sido inaceptable incluir planos como esos, sin orden ni concierto pero totalmente pensados….También, el comienzo en el bosque, ese rito iniciático por el que June tendrá que pasar le guste o no para convertirse en Defred; esas cosas que no se consiguen ni aunque se sea dueño del mundo si no se tiene el conocimiento necesario como para imaginarlo.

Si técnicamente es algo increíble, qué no decir del guion. No me he leído el libro, ciñéndome solo a la serie, los personajes son tan complejos que duele. Toda la filosofía que representan. Se ha condensado todo tan bien que parece imposible haberlo hecho realidad. Se nota que hay un trabajo titánico detrás, bajo el agua, escondido. La ficción es solo la punta del iceberg que se mantiene a flote gracias a todas las personas que están ahí.
Han logrado crear una situación hipotética e imaginaria—o quizás no tanto—de forma tan realista que resulta abrumador. Han captado todos los claroscuros y lo más importante: han sabido transmitirlos, materializar todas esas ideas abstractas en personajes, imágenes, diálogos, acciones. Serena y Fred Waterfront y la tía Lydia son el máximo representante de lo que estoy hablando.
Tía Lydia no es solo una institutriz horrible que disfruta torturando a las chicas que están a su cargo y eso se puede ver perfectamente cuando se enfrenta a Serena durante la fiesta que hacen para la embajadora de México. Demuestra que no es ninguna déspota, que cree férreamente en lo que predica, que solo es alguien con una moral determinada. Ha tenido la suerte de que esa moral sea la mayoritaria o la más fuerte pero lo tiene todo muy bien pensado, es un personaje fundamentado y se puede ver en su máximo esplendor cuando le promete a Janine una bandeja entera de postres después de decirle que tiene toda la razón del mundo al enfadarse
¿Qué quiero decir con eso? Pues frente a los dibujos de niños de infantil que hacen a los pájaros con una uve y sus padres con un monigote, que es lo que les pasa a series como 13 reasons why, en The handmaid’s tale han hecho poco más que Las Meninas de Velázquez.

Por último quería remarcar que si en algunas ocasiones me he quejado de la inclusión de escenas demasiado exageradas, como si se tratase de una escena de Destino final, tipo a lo que he tenido que presencia en el intento de Cuaderno de muerte, he de decir que en The handmaid’s tale sí hay unas cuantas escenas duras; de hecho, hacia el final, me ha pasado algo poco frecuente: me he visto obligada a apartar la vista de la pantalla; pero son sumamente necesarias que me parece una elección más que acertada.
Momento como el atropello, las chicas limpiando el muro o el sacrificio de la mujer de Warren son desagradables y ni los han censurado, ni deben, porque Gilead no es Narnia. Gilead es Gilead, una república cruel y exigente, que exprime al máximo a todos sus habitantes para conseguir el bien colectivo, decidido por unos cuantos cabecillas corruptos e hipócritas. No podrían demostrar con imágenes esto con la misma eficiencia si se hubiera dulcificado.

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Valoración conjunta

The handmaid’s tale es una serie que como muchas otras, avisa de lo que podría suceder en un futuro no tan lejano. Es crítica e imparcial. Muestra las cosas buenas y las cosas malas de todos los bandos. De nuevo, volvemos a lo mismo: no cuentan nada bueno, lo que destaca es la manera de narrarlo y aquí, se han querido centrar en abordarlo desde la perspectiva de la mujer, de manera muy concreta. Todo un acierto, a mi ver.

No es nada más y nada menos que uno de los futuros paralelos a los que estamos expuestos. Sin embargo, hay una cosa, un matiz, que mejora de forma considerable respecto al resto de distopías semejantes, del tipo Los juegos del hambre, que consigue una visión y recepción mucho más adulta y madura, porque como ya he adelantado, no hay bueno ni malos, solo seres humanos con concepciones distintas de la realidad, que de forma inevitable terminan chocando y como la historia es cíclica, les ha llegado el momento a unos y los otros tendrán que luchar para conseguir el suyo.

Esta enorme escala de grises se puede observar en pequeños detalles, como el comentario del comandante Waterfront cuando dice que han derruido un edificio para construir un parque o que han añadido paneles solares. No son las cosas que uno se imagina cuando piensas en seres malvados que usan a las mujeres de objeto.
Solo son personas normales, con su propio modo de vida que al ver en lo que se ha convertido el mundo, han reaccionado de forma negativa y violenta ante una situación de incomunicación, y buscan el cambio que les devuelva lo que ellos creen que es la estabilidad.

“Lo mejor para todos, a veces, no es lo mejor para la minoría”. Esa es la filosofía en la que se puede resumir The handmaid’s tale, que tan bien comunica la tía Lydiam, ignorando la creencia de que se debe gobernar para todos, incluidas las minorías, algo que nos es tan ajeno a nosotros en estos momentos.

3 comentarios en “«The handmaid’s tale», el «Nacimiento de Venus» de las series

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