Sobredosis de “Stranger Things”

El 31 de octubre se estrenó la segunda temporada de una historia que fue toda una revelación no solo para Netflix, sino para todo el mundo. Lo que parecía que iba a ser una más en su catálogo se convirtió en uno de sus símbolos y el motivo por el que muchos se han suscrito a la plataforma. Stranger Things, la serie que ha nacido gracias a Stephen King, que ha devuelto a la vida a Winona Ryder, que está hecha por y para adolescentes y nostálgicos, ha dado y está dando mucho de lo que hablar.

Por lo general, me suele dar pereza ver cosas tan populares. Y de hecho, no me vi la primera temporada hasta este mes de septiembre, porque me aburría. Me gustó mucho más de lo que esperaba y comprendo que haya tenido tan buenas críticas, aunque lo que no entiendo es que haya sido Stranger Things la elegida para erigirse como uno de los referentes sociales de la actualidad y no otras mucho mejores. Como en su momento, disfruté de la primera entrega, decidí, mucho más tarde que los demás, ver la segunda y solo puedo decir una cosa: ahí va otra grandísima decepción de Netflix, tan grande, que resulta ofensiva.

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¿Lo peor de la segunda temporada de Stranger Things?

 Empezaré por lo que más rabia me ha dado, porque me ha resultado tan insultante que a punto estuve varias veces de abandonar la serie solo por eso. Me parece de lo más estúpido rellenar metraje con escenas de un personaje que sobra totalmente en una  ficción con tan pocos capítulos. Es tomarle el pelo al espectador que espera ver lo que viene a ver a Stranger Things, no a una niñata gilipollas sin nada interesante que aportar más que molestar y derrochar minutos que podrían haberse dedicado a otras cosas. Sí. Estoy hablando de Maxime, de Max, de como la llaman en un intento cutrísimo de ganarse el corazón del público: “Madmax”.
Me encantaría que alguien me explicara para qué añadirla en la historia ¿Qué hace, qué aporta, qué cambia? La respuesta es nada. El único motivo aparente es uno del que hablaré más adelante, el cual también me ha parecido una decisión de lo más desacertada. Por si fuera poco, la excusa que ponen para presentarla es que se muda desde California y es nueva en clase ¿De verdad? ¿Tanto costaba ser un poco más reales y no acudir a la excusa más americana y poco creíble de la industria del cine?
Por si fuera poco cliché, ahí está la trama con su hermano. Imposible hacerla más de plástico. Como papá pega al hijo mayor, el hijo mayor abusa de la pequeña niña que es toda una víctima. Que no sería tan de traca de no ser porque los conflictos son lo más insulso, típico e injustificable del mundo. Si ya de por sí es poco salvable, qué decir de las actuaciones. Horribles. Falsas. Cada vez que las escenas se centraban en Max, me entraba la vergüenza ajena en el cuerpo. De verdad: no es necesario que en todas las series haya un padre abusivo que incite a que el hijo se convierta en verdugo de una víctima. Aburre a las piedras y no se lo cree nadie ya. Las primeras mil veces quizás empatizas. Luego ya no.

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Sin irnos muy lejos de Maxime, llegamos a su hermano. Además de lo dicho, otra de las cosas más ofensivas que he visto es que se use a su hermano simplemente para colar referencias musicales de los ochenta. Mira, me encanta Shout at the devil, aunque no debería, porque me encanta Nikki Sixx, pero no. No, lo siento. Igual que me encanta Star Wars y me dio asco que añadieran una referencia de mierda forzadísima en 13 reasons why, me da asco que metieran de forma tan sumamente artificial esa música solo para contentar a la gente. Por supuesto, qué no decir de ese momento en el que dejan una trama abierta entre la madre de Mike y Nancy y él, de nuevo, de lo más forzada. Te lo esperas, porque dices “no si viniendo de ellos (los guionistas) me lo creo”, pero como se dice: “disappointed but not surprised”. Por no hablar de su subtrama con Steve, que tampoco tiene sentido alguno más que aportar una estúpida e innecesaria escena de lucha a la que le faltaba el barro.

Siguiendo en la línea de cosas innecesarias de esta segunda temporada, ahí está Bob, el novio de Joyce. El mismo que salió en Los Goonies y Sam, el fiel compañero de Frodo en El Señor de los Anillos. Los creadores de la serie dudaron si añadirlo o no, porque no querían que los espectadores lo interpretaran como un gancho de promoción y antes de ver la serie me pareció un poco tontería. Ahora ya me he dado cuenta del motivo por el que lo decían y mal que les pese, sí. Es totalmente una estrategia de marketing lo hayan hecho aposta o no.
Lo único que diré: ¿un palo de escoba? ¿De verdad? Es por seguir con el cachondeo del pobre personaje inocente que paga justos por pecadores, al estilo Bárbara, porque otra cosa no me lo explico. Muy triste todo. Muy triste y de nuevo, muy injustificable y sin motivo. No entiendo a qué viene a cuento su final a menos que se trate de cosas más allá de las pantallas. Sin embargo, ha sido de nuevo, insultante.

La aparición y desaparición de Bob, así como la existencia de Maxime y su hermano son dos cosas tan innecesarias y ofensivas como las tramas de amor entre niños de trece años que no dejan de forzar y forzar y que desde luego, no son nada compatibles con la tierna imagen que quieren vender de los mismos, sobre todo de Once. Es como si los guionistas no hayan hablado entre ellos, como si se dedicaran a escribir a ciegas, sin saber qué han hecho antes y qué van a hacer después. Entiendo a la perfección que con trece años pueda entrar la curiosidad. Sería muy creíble. Lo que no es creíble es que lo traten como si fuera de amor verdadero.

Pero si esa escena del baile de invierno es vergonzosa, salvando a Dustin y Nancy, que aportan algo de realismo al asunto, qué no decir de las escenas dramáticas. Esa borrachera de Nancy, ese enfado de Max con Lucas. Penoso. Y desde luego, el doblaje no ayuda. De nuevo, los guionistas luciendo su pluma—espero que se note el sarcasmo—.

Sobredosis es la palabra perfecta para describir lo que han hecho con el tema de los ochenta. Han visto que era lo que mejor se les ha dado, lo que a la gente le gustaba y lo han explotado hasta límites insospechados, llegando a empachar. La escena de los Cazafantasmas en Halloween es preciosa, pero por lo que se ve, en Stranger Things nunca han escuchado el dicho de “lo bueno y breve dos veces bueno”, porque se llega ya a cierto punto en el que te tiran a la cara los guiños y las referencias y no se llaman guiños porque sí. La sutileza no ha sido lo suyo en esta segunda temporada y una de las cosas que más odio en el cine es no tener sutileza a la hora de hacer las cosas. Se puede considerar este uno de los argumentos con los que defender que la segunda temporada solo existe por temas comerciales y a pesar de que sea de lo más legítimo, no quiere decir que no haya estropeado la magia de la serie.

E igual que han explotado las referencia a los ochenta, han intentado hacer lo mismo con la imagen de Once, que ya no es una niña desvalida y el equipo no ha querido aceptarlo. De nuevo, las imágenes en las que más se luce la niña es en los flashbacks, cuando cuentan la historia de cómo sobrevivió al ataque del Demogorgon.
No es que ahora lo haga mal, es que destacó por tener un aura a su alrededor muy especial y ahora que ya no lleva el pelo rapado, un vestido sucio rosa y habla un poco más, ese ambiente se está disipando para convertirse simplemente en una niña más que podría protagonizar un cómic de los X-Men. Recaen a lo ordinario.

Ordinario, mediocre, forzada, injustificable, comercial e innecesaria. Son muchos los adjetivos que se pueden utilizar para hablar de esta segunda temporada y después de comentar todas las cosas innecesarias, llega el momento de hablar sobre lo directamente, a mi parecer, está mal.

Lo primero, el doblaje. Mientras veía el primer capítulo, mi novio se asomó por curiosidad. Duró 10 segundos pero solo dijo una cosa: “el doblaje es penoso”. Le dije que estaba obsesionado, porque trabaja grabando el doblaje español de prácticamente todas las series de Netflix, HBO y Amazon y la mayor parte de las veces es híper crítico porque ha sido él quien lo ha hecho. Por desgracia, tuve que darle la razón al poco tiempo. Aparte de no cuadrar el sonido con la boca de los personajes, el doblaje de Mike y Will en especial daban ganas de llorar.
Por lo general, son mujeres las que hacen de niños, pero tras escucharlos, llegamos a la conclusión de que era niños de verdad. Algunas empresas como Disney exigen que sea así por la veracidad de la interpretación. El problema es que se arriesguen a lo que ha pasado en Stranger Things, que al ser niños, no tienen experiencia y lo hacen mal. Sobre todo si el personaje es tan complicado como el de Will. Lo que podría haber sido una interpretación de niño desesperado y atormentado se ha terminado convirtiendo en algo de lo más soso y vergonzoso. La culpa no la tienen los niños, por supuesto. La tienen los que han decidido colocar a los niños.

Sin embargo, por mucho que alaben a los niños en la primera temporada, en el momento en el que Once y Dustin dejan a Mike y Will solos en escena, las cosas se desmoronan. Esos dos niños no saben levantar la serie solo. Los dos son tremendamente pasivos y cuando les toca compartir pantalla, queda todo de lo más soso y de plástico posible. En la primera temporada Mike tenía el apoyo de los demás y Will apenas hacía nada. Ahora que se han quedado solos no han podido disimular.
Además, siguiendo en la línea, la relevancia de Mike en la segunda temporada es de pasar a un segundo plano o incluso tercero total que refuerza esa imagen de pasividad.

De interpretación he de decir que no tengo más queja pero otra de las cosas que me ha parecido criminal es la continua incongruencia y deus ex machina que hay a lo largo de la serie. Sobre todo, al final.
Retomando el tema de Max, me encantaría que alguien me explicara para qué llega “casualmente” su hermana a la case de los Byers. Eso provoca que Max pueda coger su coche, que se cierre su trama enfrentándose al abusón que le lleva amargando toda la temporada y que tenga algo de utilidad en la serie. Justo cuando ella dice: “¿veis?, zumbadora” dejan claro que es necesaria para que conduzca. Niña conductora, niña transgresora. Bien, ahora que alguien me diga por qué directamente no sido Steve el que conduce, como si no fueran capaces de manipularle u obligarle.
Por supuesto, hay que subirse al carro del feminismo y crear todas las escenas posibles en las que dejen claro que “estamos con las mujeres”, aunque luego las acosen mientras trabajan, eso ya no sale en pantalla, no importa tanto.

Después, está la parte en la que mágicamente, Once llega a su madre y esta le revela la vida. Una catarsis un poco exprés, la verdad. Y un motivo de enfado también un poco—más bien mucho—sin sentido ¿Necesario para que Once llegue a Ocho? Sí. Pero mal ejecutado. Por otra parte, hablando de padres… ¿Es que la madre de Mike y Nancy es estúpida? Si la describen como una madre despreocupada o que vive en la inopia, como la de Dustin, pues me creo que no se preocupe de que sus hijos de secundaria y bachillerato no duermen en casa pero tal y como los han dejado en la primera temporada, “escaldados” de lo que sucedió y prometiéndoles que no habrá “más secretos”, que la madre se esté dando un baño con velas, vino y novelas rosas mientras sus hijos se encuentran al borde de la muerte es un tanto fantasioso. Y no del tipo de fantasía que procede. Mi madre ya tendría al Ejército en la puerta de casa en esa situación. Continuando con esas incongruencias… ¿Alguien puede explicarme cuándo duerme Once? ¿Qué hace con su vida? ¿Cómo llega de Chicago a la casa de los Byers en tan poco tiempo? Aparece cuando les viene bien que aparezca pero lo que viene a ser calidad de la fábula, cero.

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¿Lo mejor de Stranger Things?

 Con todo lo que he dicho ya, parece que es una abominación de serie y aunque no me haya gustado tanto como pensaba—y no precisamente por tener altas expectativas, porque esta serie nunca me las ha creado—sí la he disfrutado bastante. Es una serie facilona. La disfrutas cuando quieres desconectar pero no te cambia la vida. No te deja enamorada como la primera temporada. Es mero entretenimiento. Lo que no quiere decir que no haya tenido muchas cosas buenas.

En primer lugar: DUSTIN. Y lo pongo con mayúsculas porque es lo mejor que le ha pasado a la segunda temporada de Stranger Things. Su interpretación, su guion, sus tramas. Continué viendo la serie en gran parte porque adoro al personaje. Si me garantizan que mi hijo será como Dustin, creo que mañana mismo firmo para ser madre ya.
Muchos dicen que es porque lleva toda la carga “divertida” de la serie pero no es solo eso. No. Es mucho más complejo. No es solo el secundario divertido. Es el secundario real. Dustin es el niño que representa a todos los niños de primero de la ESO. Sus inseguridades, su alegría, su entusiasmo, su desilusión y a la par, la inocente ilusión cuando Nancy baila con él. Simplemente es un personaje que deshace a cualquiera.

Por supuesto, también están Hopper y Joyce. Dos actores ya experimentados que saben hacer su trabajo a la perfección. No hay gran cosa que decir. En su línea. Hopper es uno de los favoritos por algo. La mención especial aquí es para el personaje de Steve, al que han sabido implicar a la perfección, creando un gran dilema para Nancy.
Un personaje que podría no tener la simpatía de todos, durante la segunda temporada, se ha lucido y él es otro de los motivos por los que se disfruta esta segunda entrega. Lo dice alguien que estaba convencida de que Jonathan era muchísimo mejor. El problema es que quizás le hayan dado un cambio demasiado radical, sin una transición clara. No hay explicación entre el momento en el que pinta en el letrero del cine que Nancy es una zorra y el momento en el que cuida de los chicos. Sí es cierto que lucha contra el demogorgon pero de una forma, quizás, casi circunstancial. De todas maneras es muy salvable y puede llegar a justificarse, motivo por el que creo que sí es cierto que funciona.

También está Nancy, un ejemplo de cómo hacer las cosas bien en cuanto a crear personajes femeninos buenos y reivindicativos. Simplemente la escena en la que Hopper le pregunta a Jonathan si sabe disparar, él dice que no y Nancy se adelanta para decir que ella sí, Hopper le lanza el rifle y ella apunta es maravillosa. Un tanto “poco casual”, porque está claro que lo hacen para lucirla, pero maravillosa al fin y al cabo. Así sí se hacen las cosas.
Nancy siempre me ha parecido un personaje de lo más infravalorado y desde luego, es uno de mis favoritos. Tiene esa misma esencia que tiene Sansa Stark. Esa esencia de mujer sufridora, valiente, que no necesita ser escandalosa y chillar a los cuatro vientos que es diferente para ser transgresora, como Max—o Arya, en el caso de Juego de Tronos—.

 La escena de Halloween en la que los niños se disfrazan de los Cazafantasmas es preciosa. Pura estética pero preciosa. Igual que la escena del principio en el que Ocho y sus amigos entran en acción. Han sabido cómo empezar y ese ha sido su problema. El tipo de comienzo estilo Indiana Jones. El problema es que no son Spielberg. Si quemas tus cartuchos con lo mejor al principio y luego pasas a algo de menos impacto, causas aburrimiento. Es algo básico. Hay que tener mucho cuidado con esas decisiones porque es ir por el camino difícil y tener que controlar muy bien los picos de tensión y calma a partir de ahí.
En un principio, iba a colocar esto en la parte de “lo peor”, pero después, me lo he pensado mejor, porque la verdad es que tanto Kali como el resto de marginados antisistemas no se merecen estar ahí. El capítulo 7 es lo mejor de toda la temporada y aunque no me parece la mejor opción en cuanto a distribución e imbricación de historias paralelas, hay que reconocerles a los hermanos que su experimento ha salido bien.

Tanto la estética como la premisa, la historia y los personajes. No me ha hecho ninguna gracia que lo dejaran así y que si planeaban dejarlo así porque va a formar parte de la tercera temporada, que la hayan colocado de forma aleatoria porque no sabían dónde incluirlo, pero en este caso, prefiero mirar el lado positivo.
Sí, quiero ver el lado positivo pero tengo que decir que esa “conexión de hermana” ha sido lo más poco creíble que he presenciado en mucho tiempo.

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Valoración conjunta

 ¿La recomiendo? Sí. No deja de ser un referente pero tampoco la recomiendo como una genialidad. La recomiendo para verla con amigos, con familia, la pareja; comentarla, relajados. Tan relajados como los que la han hecho, que después de ver el fenómeno que han creado parece que piensan que pueden hacer cualquier cosa para seguir tirando de la gallina de los huevos de oro.

Si no fuera por Winona Ryder, Stranger Things no sería nada y es una realidad. Por eso, es la excusa perfecta para volver a ver el renacimiento de esta pedazo de actriz, con nuevos papeles.

Planean hacer por lo menos cinco temporadas y no es que esté de acuerdo ni desacuerdo. La primera temporada me dejó con ganas de más, me enganchó y la devoré. Esta segunda la veía casi por obligación, para quitármela de encima. Me ha dejado completamente indiferente después de ver el final de la trama de Dustin.

Aristóteles no la aprobaría. Es todo estética, nada de fábula. La historia leída en el guion tiene que aburrir a las piedras y tal y como dice el sabio: la catarsis tiene que encontrarse en la palabra, no en el aderezo. Tenían un cometido muy complicado: superar lo que fue una novedad híper original. No lo han conseguido pero eso no quiere decir que no merezca la pena verla.

3 comentarios en “Sobredosis de “Stranger Things”

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