La complejidad de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”

Hacía bastante tiempo que tenía ganas de leer Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Se supone que es la obra más acabada de Haruki Murakami, un autor que ganó mi corazón con Kafka en la orilla. Por desgracia, leer libros es uno de los lujos que no suelo poder permitirme pero al final, terminé sacando hueco en el camino de casa al trabajo y del trabajo a casa.

Intentar escribir una breve sinopsis de las historias de Murakami es algo cuanto menos, complejo. Sin embargo, voy a intentarlo: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es la crónica de un hombre que ha perdido a su mujer y por mucho que quieran convencerle de que lo tiene todo perdido, cree que hay algo detrás mucho mayor de lo que le quieren hacer ver. El protagonista no descansará hasta recuperarla.

Sin lugar a dudas, una de las cosas que menos gracia me ha hecho es que leyendo esta historia de Murakami, me daba la impresión de que estaba leyendo un remix de otros libros como Kafka en la orilla, El peregrinaje del chico sin color o El fin del mundo y el despiadado País de las Maravillas. Algunos personajes eran repeticiones descaradas de otros, las situaciones, los elementos. Y ahí la culpa es mía y desde luego no es porque el autor sea malo. Opta cada año al Nobel QUE NO ENTIENDO POR QUÉ NO TIENE.

cronica

El principal problema es que cuando una persona crea, tanto en literatura como en cine o pintura —cualquier arte, en realidad— tiende a recurrir a ciertos elementos, por así decirlo, que termina apropiándose como suyos para definir su estilo. Lo que en un estudio de la literatura en psicología de denomina “fantasmas”. Al principio puede parecer emocionante pero era el sexto libro de Haruki Murakami que leía y ya me esperaba algo así.

Una de las cosas que más apoya mis argumentos es que escribió este libro antes que otros y por tanto, son los otros los que se parecen a este y no al revés. Además, es un rasgo muy propio de él reciclar personajes. En esta obra aparece uno que se podrá ver más adelante en 1Q84.

Otra de las cosas que para mí nunca supone un problema pero que entiendo que a otros se les puede hacer pesado —aunque siendo sinceros, si quieres lecturas ligeras no vas a coger un libro de Murakami— es su longitud: 900 páginas que en ciertos momentos se te pueden hacer bastante pesadas. Sin embargo, he de romper una lanza a su favor y decir que por norma general, me ha tenido bastante enganchada e incluso me molestaba tener que dejar de leer porque hubiera llegado a la parada. Si hubiera tenido tiempo suficiente como para invertirlo en la lectura, me lo habría leído en un par de días, sin dudar.

Por último, es cierto que a pesar de que sea su estilo y que es totalmente legítimo porque lo hace con conocimiento de causa, puede resultar bastante chocante. Los personajes vienen y van, los sucesos pasan, las cosas aparecen y desaparecen sin casi previa justificación. Claro que es Surrealismo. Claro que aparece porque tiene que pasar, porque el mundo de Murakami es un mundo regido por otras leyes completamente distintas a las del mundo real. El problema es que hay que tenerlo muy presente para sumergirte de lleno en su universo y que todo parezca real y eso implica cierta exigencia al lector. No es un autor fácil.

En cierto modo, creo que su estilo tan realista choca con sus ansias por crear un mundo surrealista —que es parte de su gracia, a la vez —porque cuando te ha descrito la existencia de una forma tan sencilla y honesta, alguien aparece o desaparece como por arte de magia. ¿Cómo es posible que suceda así si acaba de mostrar el funcionamiento del mundo en el que vivo a la perfección? Es posible, sí pero puede llegar a chocar, no lo vamos a negar.

Derrocha talento a cada página y tiene una forma muy propia de contar historias, incluso leyéndolo traducido —¡qué complicado tiene que ser traducir a este hombre!— De alguna manera, siempre me acaba deslumbrando.

En esta obra, como suele hacer en otras, incluye ciertas experiencias relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, es algo que me ha encantado. Hay narraciones que podrían tratarse como otra historia aparte pero que influyen decisivamente en la trama principal. Pero ya no son solo los relatos de guerra. Es mucho más, sobre todo para un europeo que el conflicto en Asia lo estudia muy por encima para contextualizar los sucesos de Occidente.

Hay una descripción de cómo un soldado mongol desuella vivo a un oficial japonés en la inmensa nada de la frontera que en aquel momento existía que es simplemente increíble. La leí mientras esperaba en las puertas de un cine. Tuve que dejar de leer porque me había mareado y me entraban náuseas. Haruki Murakami ha sido capaz de que me saltara páginas.

Además de eso, las historias que cuentan aportan una enorme dimensión a lo que solemos aprender en Occidente sobre la Segunda Guerra Mundial. Poco se estudia sobre las barbaridades que los oficiales de Stalin cometieron en Asia y al final de la guerra, cuando comenzaban a construir ese telón de acero y no solo eso. Por norma general, del papel de Japón en la Guerra no se sabe mucho: necesitaba recursos por su repentino crecimiento tras las Revolución Industrial, decidió conquistar y establecer colonias, se alió con Alemania por interés, temían al Ejército Rojo y poco más. Siempre se les suele poner como un malo plano de las películas. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo se descubre la concepción de los soldados y los civiles de la guerra: algo que no entendían, algo ajeno a ellos que llegaban incluso a rechazar. Creo que es una enorme y muy fiel aportación.

Tengo, también, una muy buena noticia: al contrario de lo que acostumbra a hacer, el final no es simbólico. Es concreto, plausible, es un medio “felices para siempre” que no suele acostumbrar y a veces, se agradece. De alguna manera, parece que lo hace para descompensar el continuo desconcierto que se vive a lo largo de la historia. Bien es cierto que ese final concreto es solo para la trama principal, el resto de las subtramas terminan muy en su línea.

A pesar de ese final plausible, el simbolismo, las grandes metáforas pueblan la obra. El personaje de Noboru Wataya es todo un enormísimo ejemplo. La máscara de la portada que alude a la que lleva el principal antagonista de la historia para presentarse en sociedad. Resume muy bien uno de los temas que más se repite en las historias japonesas.

Si la de la máscara es la más trabajada, la que más me ha cautivado es la del pozo. La manera en la que unió a los personajes de Honda, el teniente Mamiya y el protagonista, que termina. Ese pequeño rayo de luz que llegó a matar a un hombre. El pasadizo. Aunque parezca que es todo muy aleatorio, solo hay que pararse a recapitular hechos para darse cuenta de que en realidad está todo maravillosamente conectado a pesar d que haya elementos fantásticos.

Por último, a pesar de que tiene otra obra donde hace referencia al País de las Maravillas de Alicia, ha sido en este mundo de los sueños donde más se ha evocado en mi imaginación el País de las Maravillas. Una versión mucho más siniestra, claro está. La existencia de los varios yoes, la correspondencia del mundo de los sueños, el misterio, la oscuridad, la forma en la que va poco a poco descubriendo cosas. Tanto Sigmund Freud como David Lynch tienen mucho que decir aquí. Hay tanta complejidad que te agita. Ha logrado lo que quería, desde luego.

 Se supone que es su obra más “acabada” y se nota. A mi ver no es mejor que Kafka en la orilla pero sí es cierto que si uno se pone a pensar en ello y a valorar sí se ve a la perfección lo elaborada que está. Puede que precisamente por eso me parece algo mecánico. Está muy estudiado, es demasiado rígido. De alguna manera, parece que le falta cierta emoción personal que sí tienen Kafka en la orilla o El fin del mundo y el despiadado País de las Maravillas.

No me ha llegado de la misma forma que otros de sus libros. Quizás sus personajes no fueran tan entrañables como otros. Siento que le falta algo. Es como ver a Leonardo Di Caprio. Demasiado guapo, demasiado perfecto. Le falta el defecto que se convierta en personalidad. Se merece todo el reconocimiento del mundo pero a mí no me llega.

Por supuesto, es una obra de obligada lectura para aquel que quiera conocer la literatura contemporánea y posmoderna. Todo un referente, aunque no para todos los gustos.

6 comentarios en “La complejidad de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”

  1. […] No lo sé, pero tras escribir El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas en 1985, hizo Tokyo Blues (Norwegian Wood) en 1987. En 1988 Baila, baila, baila y en el 92 Al sur de la frontera, al oeste del sol. Sputnik, mi amor, de 1999, salió cuatro años después de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. […]

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