«El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas» o el resumen del fantasma de Murakami

Hay una cosa que odio con toda mi alma en la Literatura: los cambios de perspectiva. Aun admitiendo que es gusto personal, en muy pocas ocasiones soy capaz de leer una historia que tenga cambios de perspectiva. Me siento cómoda con la narración en tercera persona, a pesar de que no hago ascos a la primera.

La cuestión es que desconfío mucho de las primeras personas subjetivas. Quizás la culpa la tengan los libros juveniles que abusan tanto de esta fórmula. En cualquier caso, las tramas paralelas se las dejo al cine, porque me parece más acertadas para este formato. Entonces, llega Murakami con El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas y me invita a que coja mis palabras y me las trague una a una. Por que sí: tal y como había dicho, el problema no son las técnicas, el problema son los autores que no saben usarlas. Aunque he de decir en mi defensa que Murakami es una persona a la que le apasiona el cine.

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