El equilibrio perfecto de “Marea tóxica”

La ciencia ficción es la habitación donde nos refugiamos para especular sobre el futuro de la Humanidad, un lugar donde se puede analizar a la sociedad con precisión. El ser hace el mito pero el mito también modela al ser y no es casualidad que sea la ciencia ficción china la que esté poniendo el punto de mira sobre los problemas a corto plazo que nos encontraremos si seguimos con el modelo económico de la fast-culture. Es un hito histórico que la comunidad científica se haya puesto de acuerdo en masa para anunciar que no podemos mantener el ritmo que llevamos y que debemos cambiar los procesos y adaptarnos al contexto que se nos echará encima.

Ya en los años 70 se plantearon la situación una vez que pensaron en qué sucedería si países que hasta ese momento se encontraban en fase de subdesarrollo comenzaban a crecer. La pobreza se ha reducido durante las últimas décadas pero eso es un dato positivo relativo y según qué perspectiva. ¿Qué pasaría cuando un país como Brasil o China consigan entrar en vías de desarrollo y demandar lo mismo que demanda un país como Alemania o Estados Unidos? El planeta tiene recursos limitados y la única solución factible es la repartición de la riqueza.

Chen Qiufan lo sabe bien, por eso yo no categorizaría su obra, Marea tóxica, de ciencia ficción ecologista sino sostenible. La idea es que economía, sociedad y medio ambiente cohabiten de forma sana y compatible. Lo ecologista solo alude al medioambiente y Qiufan incide mucho en los tres términos de la ecuación, no solo en uno, cada perspectiva alude a ello.

Mimi y el hermano Wen representan en el diagrama los derechos sociales de los trabajadores, mientras que los tres clanes de la isla de Silicio miran por la parte económica y los ecoterroristas, Flor de Tusílago, se preocupan del medioambiente. Por otro lado, Scott y Chen Kaizong se encuentran en el medio de toda una situación donde a veces bailan, a veces se dejan llevar sin tener muy claro el final. Aunque en la sinopsis establecen al personaje de Mimi como hilo conductor de la historia y en ciertos aspectos es verdad, no diría que es la protagonista, sino la clave de la historia metafórica y literalmente como se puede entender más adelante, porque es la propia sociedad la que tiene que equilibrar los tres elementos del diagrama de la sostenibilidad.

Por eso, en este caso yo prefiero resumir la historia de Marea Tóxica como la historia de Kaizong, un personaje con el que es muy fácil identificarse porque en este punto de la película, todos somos un poco como él: no tenemos muy clara qué posición debemos tomar a la hora de actuar en una situación como la que sucede en isla de Silicio, extrapolable a muchas de la vida real. ¿Una sola persona puede cambiar el devenir de los acontecimientos o debe dejarse llevar por la marea? 

A tomar en cuenta la elección del título que me ha parecido de lo más acertada pero antes de meternos más todavía en materia, vamos a decir de una vez qué narices pasa en esta obra porque en la sinopsis de la contraportada solo se contextualiza la trama, hay que leer para averiguar cuál es la verdadera historia de Marea Tóxica.

La historia de Marea Tóxica es la historia en la que Chen Kaizong vuelve a su hogar natal, la isla de Silicio, como traductor para el representante de una empresa norteamericana que se dedica al reciclado y es que isla de Silicio ha crecido gracias a que allí llegan todos los residuos tecnológicos del mundo para que los reciclen, pero como ya pasa en la actualidad, los propios locales de Silicio no quieren un trabajo tan peligroso y nocivo para la salud, así que allí acuden un montón de migrantes para conseguir dinero rápido con el que solucionar un montón de situaciones cotidianas y conocidas.

Kaizong en un primer momento intenta cumplir con su trabajo pero pertenece a uno de los tres clanes que controlan la isla y como tal, no puede renegar de sus raíces. Silicio le llama y termina embarrado hasta el cuello ante el conflicto que se genera con una trabajadora de la planta de reciclaje: Mimi, quien por un sinfín de devenires de los acontecimientos, termina por desatar una revolución obrera.

Aunque es un libro más bien coral, porque nos metemos de lleno en distintos puntos de vista, en todo momento lo que sucede es una hebra más de la historia de Kaizong, desde que llega a la isla hasta que la abandona, habiendo sido este viaje un punto de inflexión en su vida. Me ha parecido desacertado escribir la sinopsis usando a Mimi pero es cierto que puede ser más sencillo y vendible de esta forma.

En cualquier caso, lo que es innegable es que Marea tóxica tiene un montón de personajes y se profundiza en todos ellos, incluso en el más terciario. Quizás por eso pueda parecer una novela densa, porque de hecho, lo es. En el buen sentido, pero lo es. He tardado más de lo normal en leerla y por lo que he curioseado por ahí, no he sido a la única a la que le ha pasado.

Pese a profundizar en todos los personajes, se mantiene muchísima distancia. El autor nos ofrece una explicación a todas sus conductas y opiniones e incluso fragmentos del pasado para que entendamos cómo han ido a parar a isla de Silicio, los perfila de un modo que es imposible encontrar negros y blancos sino más bien una mezcla infinita de grises pero nunca se cae en el sentimentalismo. No se romantiza ninguna relación, ni se victimiza ninguna desgracia. Marea Tóxica es tan dura como lo es la vida de muchos trabajadores chinos que a día de hoy acuden a su puesto sin cumplir con un mínimo de seguridad. Lo que nos cuenta Qiufan no es tan ciencia ficción como parece.

Lo que es ciencia ficción es la especulación de cómo evoluciona la cultura del consumo inmediato hasta el punto de modificar el propio cuerpo humano con prótesis mejoradas. El terror al desgaste y el envejecimiento a la par que la adicción y la dependencia a estrenar juguetes continuamente. Ese futuro cercano que no me atrevo a llamarlo alternativo encaja muy bien con la trama principal de Mimi y además le añade muchos contrastes cuando se mezcla con las creencias religiosas de los chinos. 

La vida de Mimi da un vuelco cuando la someten a un ritual mágico donde se junta religión y tecnología y a partir de ahí, la historia cobra fuerza. El lector se sumerge en un montón de misterios que mezclan las conspiraciones empresariales con las mafias, las revueltas obreras y el activismo ecologista. A partir de aquí, hay que tener en cuenta el contexto del autor, porque los chinos tienen su propio imaginario y por mucho que se adapten a nosotros para vender, en Marea Tóxica en concreto se nota.

Las historias asiáticas siempre suelen tener dosis de lo que yo llamo tensión dramática estática. Más psicológica. Tardan más en romper que las historias occidentales, precisamente por esa fast-culture que ha esclavizado a Occidente. En Asia todavía son más pacientes y escriben relatos donde se cocina a fuego lento. Durante toda la lectura he sentido que pasaba eso, que todo iba con mucha calma pese a que estaban pasando cosas graves. Esto no es un punto negativo ni mucho menos, sino una seña de identidad que como lectores occidentales deberíamos tener en cuenta y por eso aconsejo que se preste atención, porque aunque la narración sea pausada, están pasando cosas importantes.

No podemos esperar una ficción con la misma estructura de siempre a la que estamos acostumbrados a consumir. Es ligeramente distinta y además, estamos leyendo una traducción de un idioma muy complejo, así que también debemos recordar que en su lengua original, lo más probable es que el libro gane muchísimo. En cualquier caso, no está de más conocer otras culturas a través de la Literatura, aunque Qiufan ya lo pone fácil incluyendo a un personaje norteamericano como Scott y sobre todo a Kaizong, en medio de dos mundos. 

Más allá de la notable distancia cultural que se puede percibir, lo que para mí es un punto positivo y enriquecedor, es una historia de ciencia ficción redonda y muy cómoda (aquí sí tengo que desligarme de lo que creo que es la opinión general) y sobre todo, fácil de exportar. Marea Tóxica abarca un mundo globalizado, por tanto, todos podemos sentirnos identificados con Kaizong. Además hacia la última parte ya se iba pareciendo más a una película de acción americana, dicho en el buen sentido siempre. 

Es más, mi alma de guionista os dice que Marea Tóxica tiene todas las de convertirse en una adaptación a la pantalla por infinidad de razones. A medida que leía me imaginaba ya las escenas y los movimientos de cámara. No solo porque tiene unos visuales muy potentes, sino también porque posee una esencia con personalidad a la par que generalista. Se están poniendo de moda los relatos que abordan el tema de este libro y es muy fácil llevar a imágenes esa marea de trabajadores que se levantan contra el rico de la isla que controla todo a través de la violencia en las calles y la corrupción. La marea tóxica no es solo la literal sino también todos esos residuales que son tratados como parias y que ceden su vida a cambio de un puñado de dinero. 

Posee muchas referencias a otros productos de la ciencia ficción muy revalorizados en este momento, como Evangelion y Mimi cumple con toda la lista de exigencias para el papel de protagonista sin que recaiga en ser Mary Sue. Todos los personajes, en especial el hermano Wen son carismáticos y se disfruta muchísimo ver cómo poco a poco se van encajando las piezas, sin recaer en ningún deus ex machina ni ser demasiado previsible. 

Si tengo que decir algo negativo de una historia tan redonda eso es que hay algunas imágenes demasiado visuales que en palabras no han funcionado tan bien como podrían por ejemplo funcionar en pantalla, otro motivo por el que creo que es una buena apuesta. En ciertos momentos te puedes llegar a perder porque hay que echar mucha imaginación para situar físicamente lo que sucede, en especial con las escenas de Mimi 0 y Mimi 1. 

Pese a todo, no me parece una historia incómoda. Al contrario, me parece una historia más que irá perfilando las características de la literatura de este tiempo. Las revoluciones obreras no son cosa de la ciencia ficción y deberíamos replantearnos que algo tan básico como decir que el planeta se está muriendo nos parezca incómodo. Es algo que se lleva diciendo desde los años 70 y va siendo hora de que lo asumamos y miremos el problema de frente. Marea Tóxica es un libro necesario, otro grano más en la montaña para seguir empujando a la sociedad hacia el camino correcto que no nos lleve a tener islas de basura en el mar como en esta obra pero para nada me resulta sorprendente o innovador.

En final y con final me refiero al final final, el epílogo, me ha gustado en especial porque es el momento en el que más cuenta te das de que todo lo que parecía denuncia social en realidad no es más que el contexto necesario de exponer para entender las decisiones de Kaizong. Si nos parece denuncia social a nivel diegético es posible que entonces haya un problema que nos saque los colores como ciudadanos. Es un final que termina por demostrar que los personajes son profundos y autónomos y aunque Kaizong cree que es imposible que una sola persona pueda cambiar el mundo, encuentra su manera de no quedarse inmóvil frente a la situación que a él le toca vivir.

Marea Tóxica es una historia que se puede malentender. El lector podría tender a pensar que está poco desarrollada precisamente por todo lo contrario, porque para entender a Kaizong se desarrollan tantos frentes que puede que nos desviemos y nos olvidemos de él pero en realidad, no es que sea coral, es que Kaizong ve muchas cosas y necesita entender otras tantas para comprender qué está pasando en isla de Silicio. No le exijamos a la obra algo que nunca pretendió y mantengamos la distancia cultural entre nosotros y ella y todo irá bien.

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