La lengua y el lenguaje al servicio de los insultos, el Posmodernismo y «La sangre de los elfos»

En verdad os digo que se acerca el tiempo de la espada y el hacha, la época de la tormenta salvaje. Se acerca el Tiempo del Invierno Blanco y de la Luz Blanca. El Tiempo de la Locura y el Tiempo del Odio, el Tiempo del Fin. El mundo morirá entre escarcha y resucitará de nuevo junto el nuevo sol. Resucitará de entre la Antigua Sangre, de Hen Ichaer, la semilla sembrada. De la semilla que no germina sino que estalla en llamas. ¡Así será! ¡Contemplad las señales! Qué señales sean, yo os diré: primero se derramará sobre la tierra la sangre de los Aen Seidhe, la Sangre de los Elfos.

Aquí tenemos el punto de partida de la verdadera historia de la saga de Geralt de Rivia. De la principal, la que genera otras pequeñas historias de las que disfrutar. Una profecía. Hay quienes dicen que las peores historias de fantasía empiezan con el cliché de la profecía hablando sobre un elegido, porque es hacer spoiler de lo que va a pasar (véase The Legend of Zelda).

¿Qué pasa en este caso? Que ni el protagonista es el sujeto del que hablan en la profecía, ni en los libros se sabe cómo va a terminar eso (te toca ir a los videojuegos y es cosa tuya si se cumple o no), porque es solo eso, una profecía donde se habla sobre lo que están haciendo los humanos: masacrar a los «inhumanos» «no-humanos», es decir, todos aquellas criaturas que no comparten especie con ellos con sentido del raciocinio.

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En el tercer libro (siguiendo el orden de publicación de la editorial) de la saga de Geralt de Rivia lo que hacen es coger un punto central de esa profecía, que es la sangre derramada de los elfos y se construye todo lo demás a su alrededor: ¿a qué hace referencia a esa sangre? ¿qué implica el conflicto? ¿en qué afecta al personaje protagonista? La profecía es tan solo un cimiento que sostiene la trama, ni siquiera el detonante. La presentación, el previo, el recordatorio.

Lo verdaderamente importante aquí es todo lo que hace Geralt por proteger a Ciri.

Cirilla, princesa de Cintra. La heredera al trono después de que su abuela Calanthe, apodada la leona de Cintra, se suicidara para que no la secuestraran o asesinaran durante la invasión nilfgaardiana. Después de que Nilfgaard absorbiera (como acostumbran) el reino y lo convirtiera en una provincia vasalla más de su imperio, Ciri se vuelve una pieza clave en el tablero del juego de la guerra. La niña más buscada de los reinos del norte, cuyo destino puede decidir el de todos; niña de sangre antigua, la semilla que no germina, estalla.

Para Geralt, eso es lo que es: solo una niña que se ha convertido en su niña. Por la que va a dar la vida aunque se tenga que enfrentar a reyes, hechieros renegados, espías, lacayos, sicarios y emperadores. Porque Geralt es neutral y no tiene corazón. Hasta que alguien amenaza con tocarle un pelo a Ciri, su destino.

Si no se han leído las dos entregas anteriores no pasa nada. Se puede empezar a conocer a Geralt aquí. Si se han leído los otros dos libros, los lectores ya llevan ventaja y pueden encontrar matices que hacen las cosas más disfrutables, al notar cómo cambia Geralt, cómo se deshace ante la que llaman la leoncilla de Cintra, que se ha terminado por convertir en una aprendiz de bruja malhablada y sin modales pero fuerte y feliz. Feliz hasta que se pone sobre la mesa que nadie puede escapar de su destino, ni siquiera ella. Ella, que es hija de la sangre antigua y por sus venas corre la magia. Ella, que es una «fuente» (para que los mortales nos entendamos, viene a ser una médium).

A Geralt le gustaría proteger a su pequeña de todo el mal que acecha en el mundo pero ni siquiera él puede hacer eso, así que no le queda más remedio que tomar cartas en el asunto y escoger la decisión más dolorosa pero conveniente: hacer lo que un padre debería, que no es nada más y nada menos que proporcionarle a su hija las herramientas necesarias para que se vuelva una mujer capaz, fuerte e independiente, que no necesite ningún escolta que cuide sus espaldas. Aunque eso implique tener que revivir relaciones pasadas que preferiría dejar sepultadas en el recuerdo.

¿No será Geralt una joya de persona? ¿O igual todo se trata en que no es una persona?

Aquí está uno de los puntos fuertes (en realidad todo el libro es un punto fuerte en sí mismo) que tiene esta tercera entrega: las relaciones de los personajes, la subtramas. Son una maravilla. En general, siempre son una maravilla las subtramas de esta saga, incluyendo los videojuegos, así como la intrahistoria, todo hay que decir, por tanto, esta vez no sería menos.

No solo podemos ver cómo se desarrolla la relación entre Ciri y Geralt, sino que también se ve cómo el resto de brujos le cogen cariño a la muchacha, lo que aporta un ambiente robusto. Al ser una saga de libros, el autor se toma su tiempo para desarrollar la historia con calma y solidez, para que el lector pueda exprimir y entender la tensión sin falta de exagerar y añadir dramatismo artificial para sorprender.

Por otro lado, si ya en los dos libros anteriores se conoce más o menos la tortuosa relación entre Yennefer y Geralt, eso fueron solo los preliminares. Aquí empieza a plantearse el verdadero problema que se generará cuando aparezca en juego Triss Merigold, amiga de Yennefer de Vengberg. Tan amiga que comparte fascinación por el mismo brujo, aunque admite que es envidia de la relación de ambos. Ya veis. Se pueden envidiar hasta las desgracias cuando nada se tiene.

Geralt llama a Triss, antigua amante por despecho en una de sus muchas traumáticas rupturas con Yennefer, para no contactar con esta (después de que él tratara de batirse a duelo a muerte con otro hombre por su amor y hacer el ridículo), con la esperanza de que ella sepa cómo canalizar los poderes de Ciri. El problema en todo esto es que la ley de Murphy ama a Geralt el brujo y si algo le puede salir mal, le va a salir mal.

De este modo, Triss admite que ella no puede hacer nada más, que necesita la ayuda de Yennefer, mucho más versada en el tema, pero por el medio, ya se ha montado una película entera que incluye formar una familia feliz con él y con Ciri. El asunto se le va por la pata abajo, literalmente (¿he dicho ya que me encanta la ironía de esta saga?) cuando se da cuenta de que Geralt solo es gentil porque está medio muerta por una gastritis y necesita que alguien la lleve a liberar aguas mayores a los matojos seis veces al día mientras viajan, dado que ella no se puede sostener ni en el caballo, no porque la quiera.

Sin embargo, el daño ya está hecho. Geralt ya ha mandado una carta a su «querida amiga» Yennefer, después de tres años, que esta responde con todo el júbilo disponible en sus entrañas, que no es mucho, la verdad, y acidez, que eso le sobra, diciendo que por su afecto de «amigos» y por aliviar su pena al creer que se había muerto por algún camino mugriento, aceptará ser la tutora de Ciri, quien en un principio la odia porque no entiende su forma irónica de ver la vida y la cree una amargada.

Mientras Ciri está en el santuario de Melitele y Yennefer lidia con la madre al cargo de la basílica, quien cree que es capaz de freír en aceite a la niña si se equivoca en una operación matemática, ambas se percatan de que Geralt es la persona que, en la distancia, las une (y también las separa, porque no lo admiten, pero ambas son posesivas). Durante todo el libro se puede ver cómo Ciri forma relaciones muy sólidas tanto con Triss, que la ayudó en Kaer Morhen, entre tanto macho que no se habían percatado ni de que si rendía menos en el entrenamiento era porque sus ovarios le impedían hacerlo mejor, como con Yennefer, porque nadie se resiste a su encanto especial.

De esta forma, el lector no solo se está riendo de la desgracia del pobre Geralt: a ver cómo se las apaña cuando las dos mujeres reclamen a Ciri como su hija (no es que Yennefer le haga ascos a la poligamia, pero es que era su mejor amiga). También descubre poco a poco las personalidades de las tres mujeres de la vida del brujo. Ahí están. Las mujeres, no solo las del brujo (más bien al revés, él es el brujo de ellas), sino las de todo el libro.

Por partes. Porque al César lo que es del César y cuando un hombre se piensa que es moderno por hablar sobre mujeres y lo hace mal, lo digo, pero cuando lo hace bien, más me detengo y más lo alabo. Porque cómo me gusta que me demuestren que los hombres pueden llegar a entender a las mujeres, representarlas, visibilizarlas y ayudarlas como aliados, sin paternalismos. Es que me dan ganas de llorar de emoción. De ver que la esperanza no está perdida entre condescendencia.

Por un lado tenemos la visibilización de las mujeres. Sí, en otras reseñas de esta saga, como en La espada del destino ya lo dije; aquí es mejor aún. Lo primero es que una de las principales religiones que nos encontramos es hacia la diosa Melitele. Aquí hay guerreras también. Con su armadura y su poderío. Sin falta de que sean una rareza o alguien importante. No, sin más. Igual que te comenta que hay una elfa noble con una capa de armiño, también te dicen que hay una guerrera con armadura escuchando los poemas de Jaskier. Naturalidad, ambiente. ¡En esta saga existen las mujeres enanas!

Shani, un personaje que a mí me encanta (cómo disfruté cuando la pude elegir a ella delante de Triss, en medio de Wyzima, con público, ay, qué recuerdos), porque yo sé que es un ser de luz aunque en el libro no lo parezca y que demuestra muy bien que lo de ser una mujer empoderada y capaz no es solo cosas de la Logia. Shani es una chica normal de 17 años, universitaria, estudiante de medicina y se las apaña a la perfección con un estilete en el barrio portuario.

Igual que la reina Meve, que no necesita recurrir a la violencia para demostrar su valía. Ahí está, soberana de Lyra y Rivia, entre hombres. Reyes que la miran aunque no hable para que decida la última palabra, porque confían en su inteligencia táctica. Reina que demuestra su capacidad para gobernar igual que un hombre cuando les explica a los demás todo el entramado beligerante y la relación con la economía del país. No es un personaje realmente importante, pero la única vez que sale, sale para callar bocas. Al igual que Calanthe, cuyo recuerdo perdura. Hasta los jarls la respetan.

No nos olvidemos de Philippa. Ay, Philippa. Pedazo personaje. Es cierto que yo sé más porque en los videojuegos tiene un papel muy importante, así que no me viene de nuevas ver lo retorcida que es, pero solo diré que si es consejera del rey y doble agente casi, es por algo. Un personaje fuerte, que como dice Jaskier, solo de pensar en pasar la noche con ella, te corre el sudor frío por la espalda.

Las mujeres en este libro no son un desecho de virtudes, tienen defectos, caen mal, poseen una enorme escala de grises, como debería ser cualquier personaje independientemente de su género. Eso es algo que se ve a la perfección con Yennefer. Madre mía, que alguien le dé un premio a Sapkowski por haber sido capaz de crear a una mujer como Yennefer. Mis más absolutos y sinceros dieces. Treces. Veintes.

Si se puede detectar a la perfección que no es una obra en exclusiva para hombres, como podría ser El señor de los Anillos, ya he hablado de esto en la reseña de El nombre del viento, obra a la que le pasa lo mismo, va mucho más allá cuando se desarrollan los personajes femeninos principales: Ciri, Triss y Yennefer.

Ciri es una niña y más adelante una adolescente y nunca entiende porque la hacen de menos por ser mujer, así que no se calla cuando alguien le dice algo, aunque sea de broma. Y no es para menos. Si a Ciri le dan una espada, los que la menosprecien deberían temer. Pero hay una parte taaaan bonita sobre el tema de la identidad de Ciri cuando está en Kaer Morhen.

Sin falta de demonizar a los hombres, que eso es lo que más me gusta. El autor nunca demoniza a los brujos. Los brujos son hombres con muy poco contacto humano en general. Entrenar a una niña es algo nuevo para ellos, así que ni se les pasa por la cabeza que Ciri pueda sentirse mal por un dolor de ovarios. Y a ella le da vergüenza decirlo, porque en todo momento se intenta adaptar a ellos y no al revés. Hasta que llega Triss, que pone el grito en el cielo cuando la niña, avergonzada, le pide ayuda, porque no sabe cómo decirles a todos esos machos que tiene la regla.

Ahí llega Triss, a poner orden, a decir: «pedazo de bárbaros, qué le estáis haciendo a la niña». Y todos se sienten fatal, le piden perdón, hacen caso a las recomendaciones de la hechichera. Vesemir, el más viejo, les dice a todos que no se les ocurra molestar a Ciri el día que se ponga el vestido y que si no quiere dar clases ni entrenar ese día, que ni va a dar clase, ni entrena y que nadie diga ni esta boca es mía.

Se lo tuvo que explicar una mujer, no se las dieron de listos, no dijeron: «tonterías, eso no es nada, por eso pasan todas las mujeres». Pidieron perdón, se sintieron avergonzados por haber sido tan brutos. Geralt se queda callado y deja que Tris hable y decida por él, porque si alguien tendrá que opinar sobre mujeres es una mujer, no él. Incluso adaptan el entrenamiento para su peso y altura, que es evidente que no es la misma que la de un hombre y no lo ven como algo peor, sino diferente. Mis dieces. Treces. Veintes. Menuda forma de ilustrar la simbiosis social entre géneros, ¡en el Renacimiento! Y eso lo está escribiendo un hombre, señores. Un hombre.

Un hombre que también es capaz de introducir el tema del descubrimiento sexual de la chica, mientras habla con Yennefer, quien le aconseja que pierda la virginidad cuando le venga en gana y si no le apetece, que no se acueste con nadie, que lo importante es que ella quiera. Es que es para llorar de felicidad. La manera en la que Yennefer guía en el tema a Ciri… ¡en el Renacimiento! Sin tapujos, con naturalidad, sin vender morbo. E incluso bromeando (si es que Yennefer bromea alguna vez): le dice que su método infalible para escoger hombres es la cama. Que haga criba y coja a los que tienen cama y de esos, a los que tienen la cama decente, con sábanas limpias. Una forma muy sutil de declarar la independencia sexual de la mujer y sobre todo, de demostrar que Yennefer tiene mucho amor por sí misma, un amor que beneficia a cómo perciben socialmente a las mujeres, no solo dentro de la historia, también fuera.

Yo diría, de hecho, que Yennefer debería ser símbolo del feminismo en literatura posmoderna. Y la ha creado un hombre. Fijaos lo que os digo.

Yennefer tiene tantas aristas, tantos dobleces. Es tan compleja y el autor lo transmite tan bien solo con mostrar su comportamiento, en diálogos… Es que la cabrona es graciosa hasta cuando intenta no ser graciosa. Hay un momento muy significativo, donde ella dice que si se la conoce bien, se debería saber que ella nunca se enfada. Y eso lo dice porque tiene fama de estar siempre enfadada, de ser implacable. Es una forma muy sutil de resumir su personaje. Un personaje muy noble que antes de perder un ápice de independencia o renegar de su ética, prefiere que todo el mundo la odie y la tengan por una mujer malvada sin corazón que maltrata a los hombres.

Pero eso no quiere decir que para ser un buen personaje femenino en la saga de Geralt de Rivia se tenga que ser una hechicera darks con ojos violeta infranqueables y el pelo tan oscuro como su alma. Ahí está la dulce y adorable Triss Merigold, la mosquita muerta que parece tonta pero no tiene un pelo de eso. No hace falta ser como Yennefer para destacar, ella es consejera del rey de Temeria y no es tan infranqueable como su mejor amiga (a la vista de Geralt está). Pero tiene las cosas igual de claras y es la que le dice a Ciri que las mujeres no se maquillan para impresionar a los hombres, sino para satisfacerse a sí mismas obteniendo una imagen suya que les agrade.

No se delezna a ninguna mujer para ensalzar a la otra. Se deja el mensaje de que cada una es distinta y está bien, porque cada una tiene sus propias personalidades y le dan lo mejor de sí mismas a Ciri, quien, a pesar de la ironía (puesto que ha tenido un pasado horrible), se ha criado en mejor ambiente que muchos infantes.

Espero que haya quedado claro que todo el poso filosófico y sociológico de estos libros es máximo y pertinente. Por si todavía no ha sido así, me quedan ejemplos con los que intentar convenceros. Ejemplos del calibre de la presentación del nacionalismo y el racismo que azotan los reinos. Porque ya adelanta la profecía que la primera señal es que se derramará la sangre de los elfos.

Podría decir que es un conflicto muy actual a la par que milenario, porque en el fondo, las diferencias siempre nos han distanciado más que unido y esto es algo que podemos ver hoy mismo. Un ¿especismo? que ya se ha intuido en las reseñas anteriores y aquí explota con la presentación oficial de los scoia’tael; los guerrilleros «inhumanos» que están dispuestos a sacrificar la poca convivencia que se puede conseguir en un mundo como el de la saga a favor de reclamar lo que es suyo. Los elfos llevaban mucho tiempo asentados en sus ciudades cuando llegaron los humanos en los barcos con intención de dominar.

El racismo está muy presente y lo seguirá estando en las entregas venidera pero no es un discurso vacío, sino una consecuencia lógica del ambiente, porque otra de las cosas en las que destaca La sangre de los elfos es en el worldbuilding. La saga posee Historia, las sociedades cultura, hay unos cimientos. Está todo tan trabajado que parece real. Simples detalles como los fragmentos de las obras que existen en el propio libro con citas que ilustran el pensamiento de los reinos por los que deambula el brujo.

Se nota que no son citas puestas para que queden bonitas y parezca que el autor es hábil. Se nota que tienen cierto orden y concierto, que es todo una recreación. Se nota en momento en los que se señala que quedan tan pocos brujos y que Kaer Morhen está casi en ruinas porque hubo una batalla de la que solo sobrevivió Vesemir (y explica el origen de Geralt) y en las citas de comienzo de capítulo se pueden ver fragmentos de los discursos de un señor que atacaba constantemente a los brujos y los tachaba de mutantes peligrosos. Se explica el rechazo al que someten a Geralt por muchos lugares.

Pero más allá de esto también está el funcionamiento de la magia. En este libro, gracias al entrenamiento de Ciri, vamos conociendo un poco los entramados mágicos del mundo. Se presenta de forma divertida y amena, con gracia y no nos atiborra con explicaciones científicas demasiado innecesarias que a nadie le importan. Lo que no quiere decir que no se vea a leguas que el autor sí conoce el sistema entero aunque nos muestre la punta del iceberg. Algo tan sencillo como el detalle de señalar que los gatos son los únicos animales sensibles a la magia, que siempre duermen en un lugar donde presienten la Fuerza.

Además de llevar el tiempo a rajatabla, también están las localizaciones. No hay un solo fallo. El autor conoce las dimensiones geográficas de su historia que consigue transmitírselas al lector sin ningún tipo de problemas. Esto es importante porque dado que nos encontramos en tiempos de guerra, hay que entender las tácticas bélicas y para conseguir eso, necesita uno hacer una imagen mental del territorio.

No es una transmisión difusa, como si se inventaran sobre la marcha. No. Además de darle nombres a las ciudades, conoce a la perfección sus características y les otorga personalidades muy diferencias. Novigrado, Cintra, Oxenfurt, Wyzima, Brokilón, Mahakam, Drakenborg… Incluso sabe recrear la personalidad de las nacionalidades de cada uno, darles una identidad cultural. Es una maravilla.

La gente de Temeria no se parece a la de Redania, ni a la de Lyria, ni a la de Cintra o Skellige. Pero además de eso, también sabe colocar el punto en el eje cronológico de la Historia general del mundo en el que están. Procura decir que nadie sabe lo que hay más allá de las montañas de fuego, que no se ha colonizado aún y que no se nos pase por delante que el autor es polaco y toda la mitología en la que se ha basado es eslava y nórdica. ¡Por fin, una historia de fantasía europea de verdad! Nada de intentos de simulaciones sajonas. La Edad Media es algo muy de Europa. No confío por norma general en los norteamericanos.

Se dejan caer las cápsulas informativas necesarias para que entendamos con la Historia de los reinos el presente que se nos narra y además, aumentemos la información sobre el mundo en el que viven los personajes. Dos pájaros de un tiro. De hecho, esto es lo único que puedo decir que es complejo en la saga y lo que demuestra que está dirigida a gente adulta o con capacidad para entender los temas de los que se habla.

Mientras nos reímos de los intentos de conquista y escape de Jaskier, de las cagadas monumentales de Triss (literales y metafóricas), de la madre Nenneke sobreprotegiendo a Ciri de Yennefer, se nos cuentan las claves, los orígenes de la guerra que acecha, en la que Ciri tiene un papel importantísimo aunque no lo quiera aceptar (y de nosotros dependerá que lo haga ya en la tercera entrega del videojuego). Para entender esto, hay que estar capacitado para hacerse una idea global, como se la hizo el autor, que nos da los medios suficientes para lograrlo, todo sea dicho, de las dimensiones de la obra.

Hay que entender que las localizaciones son los reinos del norte. Que las ciudades que se visitan son del norte de ese mundo, continente, lo que sea. Es un mapa muy cerrado, cosa que a mí me ha parecido más acertado, porque te familiarizas mucho antes con él y esa familiarización es clave. Los conflictos son a «pequeña escala», algo contrario a lo que se tiende a representar en el género.

En cualquier caso, más allá de Nilfgaard hay zonas en el sur, de donde vienen, por ejemplo, los zerrikanos, donde también hay guerra. Y que Nilfgaard es un imperio que está muchísimo más al sur originariamente de lo que aparece en el mapa que se adjunta con los libros. Lo que solo significa que para que se coloque su nombre ahí, han tenido que conquistar los reinos que los separaban del norte y que Cintra no es algo repentino, que se acercaban poco a poco y por fin llegaron al escenario de los brujos.

Ahí es donde se entremezclan las intrigas. Ahí es donde aparece la chicha política, que bien explicada y entendible es una suma importante de puntos a la calidad del libro. Ahí es donde se dice que Nilfgaard ayuda a los scoia’tael para destruir al enemigo por dentro y esperar a que los no-humanos desgasten a los soberanos para entrar en acción cuando no puedan rechazar su ofensiva. Y eso genera todo tipo de intrigas, de movimientos de espionaje donde se involucran nuestros personajes y también de manipulación y complots cortesanos, donde entran los hechiceros en el juego. Así conocemos cómo funciona la Logia, cuál es su papel, cómo se usa la magia. Es una historia que está hilada paso a paso con una diligencia máxima y sobre todo una verosimiltud de quitar el hipo.

Yo, que soy muy impresionable con estas cosas porque no me suelo encontrar libros que se detengan en explicarlas, me sorprendí cuando explicaron, con escenas triviales y divertidas la guerra comercial. Porque la guerra no solo va de matarse con acero, también de manipular el mercado. Estamos en un punto de la Historia donde la burguesía cobra especial importancia, tiene influencia en los castillos reales y la nobleza echa mano de ellos. El Capitalismo hace su entrada estrella y también lo usan de arma.

Te ríes porque Geralt se ha hecho amigo del aduanero temerio que le da bien por saco a los aduaneros red, porque las fronteras en esa zona cambian según las mareas. Pero de paso, te explican cómo Nilfgaard está jodiendo al norte haciendo que su moneda se devalúe con una política imperialista, nada más y nada menos (cualquier parecido con la realidad… ¿es pura coincidencia?). Incide de una forma tan profunda en la sociedad que es cautivadora, porque lo hace desde todos los lados. En los burdeles y las fortalezas, los pueblos y las ciudades, la economía, la cultura, el arte, la institución educativa… Todo. Hay explicaciones cuando se las necesita.

Las descripciones en el entrenamiento de Ciri sobre cómo debe luchar son tremendas. Mucha documentación sobre el manejo de la espada, mucha ironía para embutírnoslo sin que nos suene a chino y nos aburra. Aunque creo que a nadie le aburren las explicaciones de cómo usar una espada, porque en ese caso, estaríamos leyendo otro género.

Todo lo que he dicho a lo largo de la reseña es muy denso. Podría implicar que o bien se tratara de una saga con un nicho de lectores muy cerrado o que desluciera porque se complicara, fuera difícil de entender. Pero para eso está Sapkwoski. Con él no pasa, no. Él no se detiene en los detalles que no son importantes, él no mete relleno, él se las ingenia para hacer escenas necesarias pero a la vez de recreo y para eso, usa una narrativa envidiable.

Porque una narrativa envidiable no es solo la prosa poética de Bécquer. Una narrativa envidiable también es escuchar bromas, insultos y soeces en el momento adecuado. Tuve que indagar por Internet qué es este señor para buscar una justificación a lo bien que utiliza el lenguaje y la lengua.

Pues resulta… que Andrzej Sapkowski… no tuvo una educación vinculada con las letras.

¡Estudió economía (lo que explica muchas cosas dichas) y trabajaba de directivo de ventas en una empresa!

Luego están otros que dan clase de Literatura en Wisconsin y no saben ni crear un personaje decente. Cosas de la vida.

Si yo ya soy fangirl de este hombre hasta límites insospechados, ahora que sé esto, más aún, porque es uno de los escritores que forman mi panteón literario y como Murakami, resulta que mandó uno de sus relatos a una revista y se lo publicaron. ¿Qué será eso, rastreo a los escritores con el mismo perfil de existencia cual sabueso? Vete tú a saber. Pero oye, no falla. Autor que adoro, autor que sigue el mismo patrón, vaya, vaya.

Lo que yo venía a decir es que una cosa es saber escribir y tener un amplio vocabulario, que bueno, eso no es tan difícil como nos quieren hacer ver actualmente (pero es que nos quieren ignorantes y sumisos, no olvidemos), y otra muy distinta es saber usarlo para hacer Literatura. Así. Con mayúscula. Porque esto es lo que es este libro. Literatura.

La manera en la que cambia de registros según el ambiente y el personaje es tremenda. Y eso que leí la versión traducida porque de momento, saber polaco no se incluye entre mis virtudes. No me imagino el orgasmo literario que puede ser leer esto en su lengua materna, sin traducciones que encorseten conceptos de la cultura polaca para los que la española no tengan sinónimos. Aun con todo, a poco que uno sepa de lingüística, ha encontrado aquí una joya. Porque usa la lengua para crear metaliteratura.

Metaliteratura, chicos.

Detalles como que Ciri lea un libro de título La perla azul.

En La espada del destino, de forma resumida, una amiga de Jaskier se enamora de Geralt, pero este no la corresponde por lo de siempre cofcofYennefercofcof y tienen una pequeña historia muy bonita en la que se reflexiona sobre sentimientos. Al final, él y Jaskier le regalan a la chica una perla azul que encontraron en la entrada de una civilización acuática perdida a la que los tres salvaron de ser masacrada por un rey gilipollas.

Worldbuilding + metaliteratura de una.

Pero no es algo tan sencillo, no. Decirte en una oración: «fulano es el malo maloso» es ir a lo fácil. Que el malo maloso posea a Ciri y en una predicción le diga que está confundiendo el cielo con el reflejo de las estrellas del estanque y que mucho más adelante un personaje en una reunión le diga a otro compañero que está confundiendo el cielo con el reflejo de las estrellas del estanque es saber escribir. Hostia. Saber usar la forma en la que usan sus personajes el lenguaje para hacer revelaciones sin que se noten las costuras de la obra. Lloro.

Ni desenmascaramiento público, ni escena dramática, ni muertes innecesarias. Sutileza. Elegancia. Uso de la lengua para crear agniciones extradiegéticas. Posmodernismo del bueno. Pero del bueno de verdad. Del bueno, bueno. UF. Uf Sapkowski salvando la Fantasía.

Por no hablar del tratamiento del tiempo narrativo. El narrador en sí mismo.

Mientras los libros anteriores eran un compendio de relatos bajo la perspectiva de Geralt, al abarcar aquí ya una historia muy compleja con numerosos frentes abiertos, el narrador deja de estar pegado al culo de Geralt y nos muestra a otros muchos personajes para darnos todas las piezas necesarias con las que entender el marronazo en el que se mete el brujo, que lo primero que dijo es que iba a ser neutral, por cogerle cariño a una niña. Y la ironía de eso de que los brujos no pueden amar.

Tratamiento del tiempo narrativo desde el aspecto de hacer transiciones entre cambio y cambio de escena y perspectiva, que mis veintes otra vez, porque se detiene en el punto justo y no corta nada de forma brusca. Tratamiento a la hora de organizar los hechos en el eje cronológico e introducir las escenas cuando tocan para que el lector pueda avanzar sin retroceder. Si estamos viendo a Ciri con Yennefer, no estamos viendo a Geralt. Si estamos viendo a los reyes, no estamos viendo a Jaskier. No es un narrador omnipresente  en ese sentido. Va de uno en uno, así que se nota mucho el avance del tiempo dentro de la diégesis. Es una forma de hacernos una idea de los meses que van pasando. Y eso me parece relevante porque pocos libros se detienen en ello y sus lectores rara vez saben decirte cuánto tiempo pasó en la historia: ¿una noche? ¿tres años? ¿treinta?

Por supuesto, sobra decir que como siempre, te ríes demasiado con el tinte irónico en el que está narrado. Además de por el humor de los personajes, por la forma de introducir arcaísmos con coloquialismos, por ejemplo. La lengua al servicio del autor y no al revés.

La historia no tiene clímax como tal, porque este solo es el inicio que nos lleva a otros ¿cinco, seis? libros, pero sí un cierre marcado, que es la escena de lucha de Geralt contra los sicarios, donde se unen Philippa, Jaskier, Shani y él en Oxenfurt y un «cierre» más importante que es que por fin Ciri empiece a usar la magia de verdad gracias a la vigilancia de Yennefer y su partida del santuario de Melitele. Y el final final. Ese final último en el que Ciri le dice a la hechicera que sabe que Geralt va a volver a por ella porque es su destino y están atados y Yennefer le contesta: «eres una feucha con suerte». Tan bonito, tan entrañable, tan simbólico, tan emotivo con solo dos rayas de diálogo, tan dejar claro en dos oraciones lo trabajadísimos que están los personajes (¿quién puede elegir a Triss después de esto?). Tan recuerdo del tema central: al final, lo que importa a pesar de que haya guerras y profecías, son las personas.

Muy difícil que encuentre otro libro, trilogía o saga de fantasía que me guste más que la de Geralt de Rivia.

 

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