«Baila, baila, baila»: La segundas partes nunca fueron buenas a menos que seas Murakami

Llevo tantos días postergando esta reseña que tengo miedo de haberme olvidado de lo que leí. Demasiadas cosas a la vez que contar y a la par, nada. Muy en la línea de Murakami, ahora que lo pienso. En cualquier caso, lo que sí os puedo decir es que el tipo sabe cómo hacer continuaciones. Al menos en este caso.

No me he leído aún (al día que haya escrito esto) 1Q84, que es una trilogía, ni La muerte del comendador que son dos libros. De hecho, son los que me faltan para haber terminado con toda sus novelas y estoy retrasando el momento para no quedarme huérfana literaria, pero por el momento, os digo, y ya rectificaré si se da el caso, que Baila, baila, baila es la continuación que todos necesitábamos para La caza del carnero salvaje.

Mientras que el anterior es más realista mágico, este es más realista, a secas. Aunque por supuesto hay toques, reminiscencias de esa magia que evoca al pasado del protagonista. Gracias a eso puedo deciros que los leáis en el orden que os dé la gana, no se altera el producto, como dicen. Porque en este caso, ni él mismo sabe lo que busca, aunque está seguro de que busca algo.

La búsqueda del carnero le ha dejado resacoso y muchos años después, el protagonista sin nombre siente que tiene que volver a Sapporo, al Hotel Delfín, porque hay una mujer que llora por él y necesita reunirse con ella. Así que como está acostumbrado, deja su trabajo y allá que va.

baila

La reseña que podría haber hecho si solo me hubiera leído este libro habría sido, con toda seguridad, totalmente distinta a la que me va a salir ahora. Eso no quiere decir que sea ni mejor ni peor, pero puedo aportar una perspectiva mucho más global al tener en cuenta el pasado del personaje y su evolución. Estos dos libros se pueden leer como uno solo o bien intentando pensar que son individuales. Yo diría que se hiciera de ambas.

Desde ya lo digo: Murakami tiene dos novelas que son LAS novelas, desde un punto de vista objetivo, literario. Crónica que da pájaro al mundo es, según él, la más completa y redonda. Pero Kafka en la orilla no se queda para nada atrás. Estas dos son geniales, maravillosas, sí. Mi libro favorito de todos los tiempos es la segunda pero si hay una cosa que es evidente es que a las alturas que escribió esas dos obras, 1995 y ¿2004? o cercano a ese año, respectivamente.

¿Por qué? Porque se ve que ahí hay técnica. Que aprendió a escribir, que carga sobre los hombros mucha experiencia como escritor a tiempo completo. Lo destila con cada palabra, por la forma de llevar las tramas, de crear a los personajes. Eso es literatura que pasará a la historia. Punto. Sin embargo, tiene otras dos novelas que sin llegar a tremenda excelencia técnica, para mí están al mismo nivel porque tienen sentimiento y talento puro, sin filtrar, de una persona que se lanzó a escribir solo porque experimentó la necesidad de contarle una historia al mundo mientras veía un partido de béisbol.

Esas son La caza del carnero salvaje, su primera novela como tal y Baila, baila, baila, donde recupera esa esencia aunque ya madura, después de experimentar con un estilo más literario en El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas y ganar dinero con Tokyo BluesA mí ver, escribió este libro en el momento perfecto. No sé cuánto tenía planificado, pero le salió bien.

Ha sabido conservar la personalidad del protagonista tal y como era en sus años universitarios y desarrollarlo hasta la treintena con total naturalidad. Hay una habilidad para recrear a tipos normales anormales casi inigualable. Pero además, no es solo eso. Es que se nota que por el medio pasó toda la historia del carnero, porque está mucho más erosionado. No solo por la vida en general, sino por su pasado.

Y esto se puede averiguar a la perfección sin falta de leer el otro libro. Es increíble. No necesita acudir a explicaciones una y otra vez que nos obliguen leer antes la otra historia. Es realismo. Murakami sabe escribir realismo de verdad. El humor es más afilado pero también se le nota hastiado, sin falta de que lo diga, con acciones, gestos, recuerdos. Formas de hablar.

La que en el primer libro era su novia, único libro en el que un protagonista se refiere a una mujer como «su novia», en este se convierte en «una prostituta». Porque le duele que se haya marchado. Aunque no se acuerde ni de su nombre. Y de los nombres ya hablaré. La animadversión que detenta es, además, la excusa perfecta para empezar el libro con una narrativa que es casi orgásmica. Cómo usar el narrador en primera persona y no morir en el intento. Aquí ya empezaba a juntar la experiencia con el talento que salía de querer continuar con la historia.

Mientras que en el pasado se remarcaba mucho  una actitud más bien anti-capitalista, no solo de otros personajes, sino también de él mismo, aunque menos radical, aquí solo sabe fijarse en las marcas que encuentra a su paso: coches, ropa, bebida, relojes… Sin embargo, no es que haya abandonado el discurso, es que lo incluye de otra forma, con otros personajes, tal y como le pide la historia para que nada sea forzado.

El personaje es una contradicción en sí mismo que se ha desbocado al haberse quedado solo y no se quedará tranquilo hasta que no cierre la puerta del pasado. Es curioso que en una escena de Escucha la canción del viento salga que compró objetos sin sentido con una chica solo para matar el tiempo mientras volvían a casa y eso hace cuando está en el hotel de Sapporo esperando a que suceda algo. Hay unas constantes no evidentes pero sí verosímiles, de que lo tiene todo controlado, de que en efecto, su oficio es el de ser escritor y no hay más.

La escena en la que se introduce el realismo mágico, mezclada con el cine es maravillosa. A Murakami le gusta mucho el cine, eso es algo que ya se puede intuir leyendo After Dark, pero siempre que puede lo incluye y no iba a ser menos con este libro. Algunos dicen que no tiene trama pero es mentira. Sí la tiene. Una trama propia del realismo. Es pura ficción y se nota, lo que pasa que lo hace tan bien que incluso te parece no ficción. He ahí la clave del buen hacer literario.

Los personajes son, en la línea, igual de interesantes y extraños que siempre, aunque es cierto que pueden llegar a ser predecibles en cierto momento si ya has leído más libros del autor. Lo que más destaca es sin lugar a dudas que es capaz de escribir dos novelas sin darle nombre a su protagonista. Y toda la filosofía que encierra el no tener nombre es lo que cierra en una sola historia las dos obras, la argamasa que une sin falta de tener que leer ambos de forma obligatoria. Por no hablar de la reflexión que da lugar al título, que yo creo que es sin duda la reflexión final a la que él quería llegar después de dos novelas cortas y dos novelas y que era incapaz de convertirla en palabras.

Da la impresión de que a él le costó entender qué significa bailar en la sociedad actual y que para sentirse a gusto consigo mismo y vivir sin remordimientos, tuvo que escribir esta historia para explicárselo en primer lugar a sí mismo y luego, enseñárselo al resto. Desde luego, este es un libro escritor para él en primer lugar, donde le da exactamente lo mismo pensar en el qué dirán los lectores o si les gustará o si es rentable. Porque Baila, baila, baila no nació para ser rentable, sino para pasar a la historia.

 

4 comentarios en “«Baila, baila, baila»: La segundas partes nunca fueron buenas a menos que seas Murakami

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