«El último deseo» de la fantasía del siglo XXI cumplido

Andrzej Sapkowski es, para mí, el autor referencial cuando pienso en un tipo de novela que no busca ser pesada, demasiado trascendental o aspirar a ser el premio Nobel. La saga de Geralt de Rivia es la saga referencial cuando pienso que quiero leer algo por puro ocio, para entretenerme, pasar un buen rato, desconectar. Porque en este caso, el adjetivo entretenido no es ningún eufemismo de nada, sino una gran verdad: así es como son los libros de calidad.

El último deseo es la primera entrega de las historias del brujo. Una toma de contacto con el mundo de fantasía basado en la mitología polaca y una presentación de quién es Geralt de Rivia, más que importante para entender sus acciones en novelas venideras. Algo de tan gran calibre como la historia de la guerra con Nilfgaard, el nacimiento de Ciri, los conflictos entre scoia’tael y humanos y la aparición de la Cacería Salvaje necesita unos preliminares gentiles que sumerjan al lector poco a poco en el despiadado mundo medieval de Sapkowski para no fusilar con información durante las primeras cincuenta páginas y saturar nuestros cerebros.

deseo

De forma global, la saga es una saga de aventura, por eso mismo, hay que valorarla como lo que es, junto a su intención; no caer en la trampa de pensar que Geralt es un personaje plano que bien podría ser primo de Link solo porque después decidieron apostar por un videojuego. Aunque he de decir que en este caso, no habrá tanta facilidad a la hora de columpiarnos, pues nos encontramos cronológicamente con un momento en el que Geralt era más joven y no está tan erosionado por los conflictos sociales y sus idas y venidas amorosas.

El último deseo es el pistoletazo de salida que a cualquier persona con aspiraciones de escribir tanto fantasía como aventura anhelaría. Geralt no es un héroe, Geralt no hace ningún viaje en busca de luchar contra las fuerzas del mal, solo se deja llevar. Pero eso ya lo sabemos. Aquí aún tenemos que abrir la puerta hacia sus conflictos y para ello, Sapkowski ha elegido ser fluido, ameno y sobre todo, hacer un guiño a los cuentos de hadas con cierta vuelta de tuerca mucho más oscura y sarcástica (y sangrienta).

¿Quién se resiste a un retelling de La bella y la bestia Blancanieves y los siete enanitos. Como mínimo, nos lo tragamos porque nos es indiferente, mientras que muchos otros se deciden a continuar leyendo solo por descubrir quién es Bella en realidad y por qué el brujo la mata. Una decisión muy inteligente a mi ver y un motivo por el que creo que esta obra se enmarca en el equilibrio perfecto de lo comercial sin sacrificar un ápice de calidad literaria.

Cuando se terminan esas cápsulas de información oculta entre acción para encariñarnos con Geralt, llegan temas más importantes que se dejan caer de manera liviana, para no abrumar (ya habrá tiempo en los próximos números), como el origen de la profecía y el motivo por el que Geralt más adelante irá a buscar a Ciri y la entrenará. Pero también se introduce una subtrama relevante que dará mucho juego no solo en la pantalla (¿quién de todos los que me lee intentó hacer un trío con Yennefer y Triss?).

Aquí ya empezamos a esbozar la historia que tendremos que valorar en los videojuegos cuando nos hagan elegir entre una hechicera y otra. Quien se lea la saga, sabe que Triss miente cual bellaca desde la primera cinemática del 2007. También se comienza a oler todo el conflicto político, más enfocado, de momento, a argumentos arrimados a la xenofobia.

He aquí uno de los muchos puntos fuertes no solo de El último deseo, sino de la saga entera: el poso. No es solo una historia de aventuras con una simbología facilita y básica como nos encontramos en casi todas las novelas de fantasía. No. Aquí hay algo mucho más actual y aplicable en cualquier momento, sin enseñanza, una exposición del tema, posible porque Geralt no se posiciona a menos que entren en la línea de su margen de acción.

Geralt usa la espada de acero para los humanos y la de plata para los monstruos, pero a veces, no es tan fácil decidir cuál coger según en qué momento.

Es aquí donde se hallan todos los matices de grises del personaje, del mundo, de la sociedad que se nos presenta. El último deseo es un libro donde ya se avisa que este no será un refrito de todos los libros de fantasía juvenil que se encuentran en el mercado. En primer lugar, porque ni siquiera lo clasificaría de juvenil. Es adulta, es oscura, es dura sin ser morbosa y por supuesto, la puede disfrutar cualquier rango de edad.

Si no puedo decir que huye de todos los clichés del género, porque a fin de cuentas, es casi imposible no hacerlo, me atrevo a asegurar en primer lugar que están muy bien llevados y en segundo que les da una vuelta de tuerca para que no sean pesados, ni predecibles. En esta primera entrega conocemos a Geralt y a Yennefer, dos pesos pesados de toda la historia que nos convencen para quedarnos y leer lo demás.

La visibilización de la mujer es otra de las cosas que más me gustan de la saga. Sí, es un ambiente medieval, pero hay mujeres capaces, sin falta de que cojan una espada, que también. La feminidad está muy presente ya desde el minuto uno. Extradiegéticamente no hay represión, no es una historia de fantasía escrita por un hombre para hombres, como suele pasar con las obras de culto de este género (El señor de los Anillos, te estoy mirando a ti).

Por otro lado, la narrativa es muy fluida. El estilo es complejo pero a la vez, se lee sin ningún problema. No es pesado, ni aburre, sino que al contrario, hay mucho dinamismo, sobre todo para las escenas de acción. Con esto me refería a que se nota que no hay ninguna pretensión con este libro, que es simplemente algo necesario como preámbulo para adentrarnos en lo denso de la historia sin que sea un pozo de aguas turbias y pegajosas.

Además, no es solo el estilo del autor, sino que también el manejo del tiempo, los saltos para explicar su forma de vida mientras está esperando a curarse unas heridas. Se diferencia muy bien la narración de lo que es la historia, muestra lo necesario, no hay relleno ni hojas interminables de contenido irrelevante para enseñar el orgullo de mundo que ha creado el autor; que de eso han pecado muchos libros, incluso los más prestigiosos (Juego de tronos, te estoy mirando a ti).

Como alguien que presta mucha atención al tratamiento del tiempo en las historias (mi comunicadora audiovisual interior me posee), El último deseo es un libro muy, pero que muy satisfactorio, porque la forma de elegir el orden en el que contar la narración que presenta a Geralt es ambicioso y ha sabido dar la talla. 

Aquí aún no me atrevo a valorar la estructura de la tensión dramática, los puntos de subidas y bajadas de la saga porque es para más adelante, pero sí se puede intuir ya que existe un claro antagonista, materializados en distintos villanos: el miedo por lo desconocido, el racismo y la intolerancia en un mundo donde mueren criaturas a costa de los monstruos y los bandidos en los caminos.

Es un antagonista lógico, omnipresente, que no para ni un segundo de acosar a Geralt ya sea de forma directa e indirecta, que le pone a prueba en todo momento y que le moldea para convertirse en un gran personaje, porque los villanos y los secundarios definen al protagonista. Y tiene esta saga al mejor secundario, personalmente hablando, que he visto en fantasía: el bardo Jaskier, mejor amigo del brujo.

Lo que no me rio con Jaskier no me rio con nada ni con nadie. Me ha sacado lágrimas y creo que es algo muy relevante, porque es una de las principales causas, junto con el mundo tan bien construido, el sarcasmo y el ritmo fluido, que hacen que sea tan divertida y placentera.

De igual forma, los diálogos entre personajes se merecen un reconocimiento. Son amenos, plausibles, mundanos. Lo tienen todo. El último deseo es un libro muy bueno, perfecto para darle una oportunidad a Sapkowski, para dejaros convencer, sin nada malo que achacar.

¿Por qué nada malo? Porque no tiene pretensiones de nada. No promete nada y por tanto, no queda en mal lugar. Al contrario, las expectativas son inexistentes y eso hace que agrade y sorprenda mucho más de lo esperado. Un viaje que da gusto llevar a cabo.

¿Me atrevo a decir que Sapkowski y Geralt forman parte del equipo de salvadores de la fantasía en el siglo XXI? 

Sí. Porque puedo creer a la perfección que nunca lo hayan intentado. Geralt no es ningún héroe.

 

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