«Cien años de soledad» y miedo a la magia

Neruda, Machado, Rubén Darío, Unamuno, Alberti. Todos estos son nombres y apellidos que nos inspiran un enorme respeto. Sobre todo porque en algún punto los hemos tenido que estudiar obligados, lo más seguro, en el instituto. Eso con casi toda seguridad, ha provocado una enorme animadversión hacia autores de culto, autores a los que nadie cuestiona su calidez literaria.

Sin embargo, en algún punto de la Historia, cuando eran personajes normales, desconocidas (y eso a veces implica toda su vida, porque solo la muerte trae la gloria), los han evaluado igual que nosotros nos dedicamos a hablar sobre la última publicación de un autor que parece que destaca. Sin dudar de su valía como artistas, también se puede opinar sobre ellos desde una perspectiva más lejana, huyendo del prestigio que les ha infundido la distancia. 

Los gustos son subjetivos y podemos reconocer que algo es bueno pero que no es para nosotros. Incluso si se trata de un Nobel. Yo misma admito que repudio a Kubrik con toda mi alma y que Iñárritu me aborrece. ¿Y qué? No pasa nada. Por eso mismo, hay que eliminar esos prejuicios literarios (buenos o malos) y redescubrir la Literatura clásica. 

La pregunta es: se pueden disfrutar todavía en ¿2019? o año en el que leáis esto. Nadie cuestiona que Avaricia de Eric von Stroheim no haya sido un portento en el cine de su época, ni que El nacimiento de una nación no supusiera el comienzo de un nuevo arte. Y si queréis saber sobre cine, no os queda otra más que veros esa película; igual que tenéis que veros Evangelion Akira para evaluar la Ciencia Ficción de la actualidad. Pero eso no quiere decir que estéis obligado a disfrutarlo y leerlo por hobby.

Sin embargo, sí os puedo decir que Metrópolis de Fritz Lang es una película disfrutable, por ejemplo. Más que otras mucho más jóvenes. Depende de muchas cosas. Con los libros es igual. Vamos a apartar el miedo de renegar de los pesados pesados de la Literatura y sin discutir su calidad, plantearnos si a día de hoy es un libro que recomendar para leer por ocio y no solo para aprender.

Gabriel García Márquez, colombiano, consiguió el Nobel de Literatura en 1982 con Cien años de soledad. Se estudia en todos los cursos del instituto y se cataloga como uno de los mejores libros de la Literatura universal, del siglo XX, de la lengua castellana… La fama le precede. Yo lo apoyo, es un imprescindible del Realismo mágico que tener siempre en cuenta si queremos indagar en el género, pero antes de decir si os recomiendo o no el libro, o voy a dejar aquí algo importante e imprescindible a menos que se tenga una memoria prodigiosa.

100años

Cien años de soledad no cuenta nada en concreto y a la vez, habla de todo. “Solo” se centra en la familia Buendía, desde la primera generación, hasta la séptima, que no es poco. Cien años de historia familiar, pero también de la historia del pueblo, de un análisis sociológico perfecto, de líos de falda, experimentos, maldiciones y magia, aunque no mucha, sí la necesaria para hacer de Macondo un lugar especial.

Gabriel García Márquez cultiva lo que se llama Realismo mágico, tal y como lo hace Juan Rulfo en su obra Pedro Páramo, muy característica de los autores hispanoamericanos, introduciendo lo extraordinario como algo cotidiano e interiorizado por sus personajes, que no se molestan ni en explicar.

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En este caso, todo gira, a pesar de que no sea lo único, por supuesto, porque está plagado de momentos parecidos, en el miedo de Úrsula Iguarán del nacimiento de un niño con cola de cerdo como castigo por el incesto de su familia, al haberse casado con su primo y la tendencia de la familia a que los sobrinos se enamoren de sus tías.

Siempre recuerdo a mi madre diciéndome: “es increíble como un hombre consigue imprimir con tanto realismo los sentimientos de una mujer”, refiriéndose en concreto a Úrsula y creía que tal y como me decía, me iba a sorprender… A ver. No. De momento ese logro se lo dejo solo a Sapkwoski. Por desgracia, creo que me dejó con las expectativas demasiado altas, sin embargo, fueron otras cosas las que me impresionaron.

En primer lugar, como se espera todo el mundo que la haya leído, que diga: sí, la habilidad que tiene para desordenar la historia en el tiempo e ir contándola avanzando y retrocediendo en función del personaje en el que se está centrando. Es complicado de entender, exige mucho al lector, pero es gratificante encontrarse con tantos saltos temporales que explican hasta el último recoveco de la historia de Macondo y no dejan ni un solo cabo suelto. A medida que iba leyendo y me daba cuenta de lo ordenado que estaba y de lo mucho que tuvo que interiorizarla cuando lo escribía, entendía que fuera tan alabada.

Por otro lado, es una buena forma de aprender sobre las costumbres hispanoamericanas, sobre cómo vivían tiempo atrás, su vida cotidiana. Los europeos tenemos la manía de creernos el ombligo del mundo y a veces es exasperante, porque damos por hecho que todo el mundo lleva nuestro estilo de vida. La familia Buendía nos muestra las diferentes etapas de la historia latinoamericana con detalles que pasábamos por alto.

El contexto en general está muy bien estructurado y arropa, de la mejor forma posible, la historia particular tanto de Macondo, como de los Buendía.
Como una valoración personal, el tema de las revoluciones y las guerras es lo más interesante. Las pequeñas dosis que García Márquez va dejando por la obra de un sutil e incisivo análisis social, cada vez que los personajes reflexionan sobre la guerra, el motivo por el que luchan.

No solo se puede observar cómo interiorizan y se adaptan ellos al caciquismo o el bipartidismo, sino que se nos presenta un punto de vista nuevo, por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial o el Imperialismo. Sin incluir conflictos ajenos a Macondo, si deja ver muchas de las consecuencias que tuvieron que pagar en Hispanoamérica la gente sencilla, sin comerlo, ni beberlo.

Sus reacciones ante todos los cambios históricos, su forma de adaptarse y de evolucionar es lo más bonito de la obra. Al final, te da incluso pena que Macondo se convierta en una enorme ciudad; te encuentras hasta molesto por la petición de que cambien el color blanco de las casas.

 De por sí, no es una obra que a medida que leyera estuviera repitiendo “vaya mierda”, que a veces me pasa. Lo siento mucho, pero por ejemplo, soy incapaz de ponerme en la sintonía de Isabel Allende. Y sé que es una escritora muy consagrada y en su día mi madre me regaló alguna que otra obra suya, siempre preocupada por mi crecimiento cultural, pero no pude. Me la leí, pero me la leí asqueada y no tengo ningún problema en decírselo a cualquiera que me pregunte.

Con esto quiero que os quede claro que no estoy mintiendo para parecer una pedante de estas híper cultivada y arrogante, si digo que no hay nada que no me haya gustado de Cien años de soledad. Nada serio o de gran importancia, quiero decir.

Por lo mismo, os digo que tampoco ha sido un libro que me haya llegado a tocar la fibra sensible. Bécquer lo hace, Ángel García lo hace, Caballero Bonald lo hace. Gabriel García Márquez en Cien años de soledad, no lo hace. Me ha dejado completamente indiferente. Al leer la última página he cerrado el libro y me he puesto a otra cosa. Jamás diré que no me ha gustado, pero tampoco que me ha emocionado. Está ahí, en mi bagaje personal, nada más.

Quizás, lo único que tengo que remarcar como “molesto” es la confusión con los nombres de la familia ¿Por qué? ¡Porque todos los hijos se llaman José Arcadio y Aureliano Buendía y son siete generaciones! Enterarse de quién es quién es un suplicio. Esto, a su vez, implica que uno termine interesándose más por la vida de las mujeres de la casa y en eso tengo que darle la razón a mi madre: Gabriel García Márquez consigue entender a la mujer.

No es que me haya sorprendido demasiado o que haya dicho mientras lo leía: “pero si sabe adivinar el pensamiento de las mujeres”, no obstante, he de admitir que parece que lo ha escrito una mujer y eso le imprime mucho más interés. A mi ver, de hecho, son mucho más interesantes las historias de las mujeres y por supuesto, ha sido a propósito. No en vano Úrsula se alza como la matriarca de los Buendía durante años y años y la historia termina con Amaranta Úrsula, quien precipita a lo que quedaba de su familia a la extinción al sucumbir a sus pulsiones.

 Como ya he adelantado, por el momento, García Márquez no ha conseguido un puesto en mi Partenón de literatos. De hecho, a veces me sorprendía pensando: ¿Por qué una obra como esta ha ganado un Nobel y Murakami sigue a dos velas? Lo que no quiere decir que reniegue de su innegable talento. Ya lo he explicado.

Sin embargo, creo que es un libro al que todo el mundo debería enfrentarse más tarde o temprano y que se puede llegar a disfrutar. No engancha o al menos a mí no me lo parece, pero está plagado de detalles que te hacen sonreír y admirar a la pluma que se esconde tras la cortina del teatro, sobre todo en cuanto al realismo mágico se trata, un género interesante y entretenido.

Si casi toda España se ha podido tragar Los Serrano semana a semana para luego comerse que todo era un sueño de Resines, pueden leerse Cien años de soledad y disfrutarla, que al menos, el final, es bastante más original y profundo.

3 comentarios en “«Cien años de soledad» y miedo a la magia

  1. Me ha desilusionado un poco eso de Isabel Allende. No es que sea fanática pero saque un libro suyo de una biblioteca que no me piden fecha de devolución determinada, y bueno, siempre es triste cuando escuchas una mala opinión sobre un libro que tienes pendiente, pero al menos no me lo compré

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  2. […] Esta novela tiene muchos aires de la película Blow-up de Michaelangelo Antonioni, sobre todo al principio, cuando se reflexiona sobre la fotografía. Pero lo que más me ha gustado, sin lugar a duda, es la manera de desarrollar el género. En este caso es puro realismo mágico. Mucho más fuerte que en el resto de sus novelas. Es más, hacia el final, quiero creer que hay cierto homenaje sutil a Cien años de soledad. […]

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  3. A mí me gustó, pero prefiero el realismo mágico de Gonzalo Torrente Ballester (La Saga/Fuga de JB, Fragmentos de apocalipsis, La isla de los Jacintos Cortados, Quizás nos lleve el viento al infinito) …
    Incluso, cuando no es mágico (Off-Side o Los Gozos y las Sombras)

    La Saga/Fuga es de difícil lectura; No usa puntos para separar párrafos, los diálogos están desplegados sin separación de ningún tipo; es voluminosa, monumental, inabarcable; posiblemente tengas que anotar nombres, releer pasajes, pero recompensa con creces en divertimento, cachondeo, juego, fuegos artificiales. Provoca emoción ante el despliegue inusual de imaginación y calidad literaria: Una ciudad que levita cuando los nativos están ensimismados

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