Sansa Stark: la mejor costurera de Poniente

Juego de Tronos se ha vuelto una serie de culto universal. Dentro de unos cuantos años, se enseñará a nuestros hijos como un clásico imprescindible, tanto en libros como en serie de televisión—cine, en realidad—Es todo un referente en la posmodernidad. Muy pocos se resisten, aunque alguna vez los capítulos flojeen y es la cura a casi todo mal que soportamos. Además, yo digo muy en serio que también nos ayudará a descubrir cuándo nuestra sociedad dejará de ser machista y patriarcal.

Así dicho puede causar risa. De hecho, yo lo suelo decir de cachondeo pero como dicen: “toda broma encierra su verdad” y en menos de una semana, ya van unos cuantos hombres que me repiten que “odian a Sansa” porque “es inútil y no hace nada”. Hombres que se ofenden, de hecho, si les dicen que eso ha sonado machista y ahí está la verdad: la misoginia está tan arraigada dentro de nosotros que no nos damos cuenta de ello y cuando nos cuestionan lo que nos parece lo más natural del mundo, nos enfadamos. Por eso, me limito a decir que sabremos que hemos conseguido hacer algo útil cuando me encuentre a hombres que como a todas mis amigas, Sansa les parezca una badass.
«Solo la han violado y pegado, ya está, que lo supere ya” es la frase más repetida que me contestan cuando pregunta la razón de ese odio. También la leo por las redes sociales más de lo que me gustaría. Por fortuna, somos más las de Team Sansa de lo que yo pensaba y aquí estoy, como no puedo hablar sobre Juego de Tronos en sí porque tenemos los capítulos a cuentagotas, a punto de explicar por qué no gustarte Sansa es ser machista.

Para que todo cobre sentido, primero me gustaría explicar unas cuantas cosas acerca del personaje que parece que no se tienen tan en cuenta como deberían o que se olvidan con demasiada facilidad. Después, ya a partir de ahí me detendré en porque no reconocer su valía implica abandonarse a la misoginia de siempre.

Sansa S

Sansa Stark es la segunda hija de la familia Stark y la primera mujer. Cuando empieza la serie tiene trece años y ha crecido en el calor de su casa, arropada, junto a su madre, su padre, los hombres leales a los Stark y sus hermanos. Es de todos sabido que los Stark son la familia más civilizada y coherente de Poniente, así que es normal que Sansa tuviera fe en el mundo, que creyera que todos los hombres son como el bueno de su padre, que todos tratan igual a sus mujeres como Ned trata a Catelyn. Por si fuera poco, desde pequeña le inculcaron unos valores tradicionales: el hombre iría a la guerra y la mujer sería madre y aprendería a coser. Era una niña tranquila y aplicada, así que vivía por y para satisfacer a su septa y a sus padres. Hacía lo que se le ordenaba porque nunca había tenido problemas y creía que eso era lo correcto para seguir viviendo así.
Su mayor preocupación era su hermana Arya, mucho más revoltosa, que se burlaba de ella, que la humillaba y en cierto modo, la maltrataba, sin maldad, cierto, porque se trataba de una niña, pero igualmente molesto. Sus únicas intenciones eran las de complacer al mundo que la rodeaba porque eso era para lo que la estaban educando.

Sansa Stark tiene la desgracia de creer que todo el mundo es bueno, que Poniente es Invernalia y cuando le dicen que Joffrey Lannister Baratheon se comprometerá con ella debido a la gran amistad de sus padres, no puede hacer nada más que alegrarse: saldrá de Invernalia a un lugar cálido, conocerá gente, podrá socializarse con alguien más que su hermana, quien le hace la vida imposible, estará con los que ella cree que son aliados de su padre, en la gran ciudad, en la “capital”. Entonces, parece que ella es la única que no lo entiende ¿Por qué sus padres no se alegran?
Sus padres, tan machistas y patriarcales como la sociedad que la maltratará a partir de ahí, creyendo que aún es una niña y que no está preparada para escuchar la verdad, le esconden que en realidad, el mundo más allá del castillo de Invernalia es un infierno lleno de conspiraciones y sed de poder. Permiten que su hija se vaya a la guerra con una educación de princesa. Las únicas armas que le dieron, mientras a Arya le permitían entrenar y campar a sus anchas por ser considerada “un espíritu libre”, eran vestidos bonitos y un físico con aceptación entre los hombres.
Sansa no estaba preparada para conocer los horrores del mundo pero sí para dar a luz a un hijo de Joffrey en cuanto tuviera la primera menstruación a los catorce años.

Su padre fue traicionado y asesinado. Su hermana escapó, libre, con las puertas de una nueva oportunidad, por muy complicada que fuera, abiertas. Ella se quedó, a pública vista. Vio cómo ejecutaban a su padre, todos sus hombres de confianza y a su septa. Quien creía que la trataría como Ned a Catelyn la obligó a observar la cabeza de una de las personas que más quería en una pica, a escuchar las amenazas verbales si no hacía lo que a él le parecía y a sentir su ira contra su cara, una y otra vez.
A Sansa nadie la avisó. Descubrió sola, en Desembarco del Rey, en el nido de serpientes sureñas cómo era la vida. Por si fuera poco, además, tuvo que hacerlo en silencio, con una máscara de apatía e indiferencia, al lado de Cersei, quien la llamaba traidora con sorna. Su vida se transformó en un esperpento grotesco que debía aguantar día a día, vestida y perfectamente peinada desde primera hora, mientras las noches las pasaba sola, recordando lo que habían hecho con los Stark.
Se vio obligada a implorar de rodillas por su vida y la de sus familiares en público, dejando que la humillaran, más de una vez. Escuchaba las amenazas y violentas promesas de quien había sido su prometido. La maltrataron física y psicológicamente, mientras ella solo deseaba volver a casa, el único lugar que había conocido donde se sentía a salvo.
La intentaron violar, la insultaron, la despreciaron, la pegaron, se rieron de ella y no podía quejarse. No podía hacer nada, solo asentir, agachar la cabeza y procurar no derramar una sola lágrima bajo la mirada inquisidora de Cersei la psicópata, que disfrutaba viendo cómo la hija de quien la había amenazado sufría día tras día.

Cuando pensaba que todo estaba perdido, con la promesa de una nueva reina, llegaron Margaery, Olenna y Loras Tyrrel. También Shae y se empezó a acomodar un poco en el infierno. Intentó rehacer su vida, superarlo, que todo se encauzara, seguir adelante, pelear.
Pudo contarle a alguien las atrocidades a las que se vio sometida. Pudo tener la compañía de otra persona sin sentir pavor en su cuarto. Sentía que había un poco de luz hacia el final de túnel y ella se arrastraba poco a poco.
Decidieron humillarla más casándola con Tyrion, quien por suerte, se apiadó de ella pero como tras la calma, llega la tempestad, se convirtió en la cabeza de turco de Olenna y Meñique y fue acusada del asesinato de Joffrey. Se vio obligada a huir justo en el momento en el que parecía que las cosas se arreglaban. Sus esperanzas se quebraron. Observó cómo el hombre que creía en ella y le había prestado ayuda fue asesinado por su culpa, la obligaron a huir junto al hombre que provocó el asesinato de su padre y a renegar de su apellido.

Estaba aprendiendo a costa de golpes cómo era el mundo que le habían escondido Ned y Catelyn Stark. Viajó, empezó a mentir, a manipular, imitando a la sádica Cersei. Sabía en primera persona que sus métodos funcionaban. Por el camino, se encontró a Brienne, la mujer que podía ayudarla. Meñique se encargó de que no fuera así.
Y llegó a Invernalia. Su sueño se había cumplido. Había llegado a casa, donde colgaba el estandarte de los Bolton, no de los Stark ¿Qué había pasado? Theon había asesinado a Bran y Rickon y Ramsay Nieve la esperaba para poder hacerse con el Norte. Ramsay, justo ese hombre que disfrutaba cazando seres humanos y viendo cómo los perros los descuartizaban.
El único lugar que creía seguro en el mundo se había convertido en otro infierno, mucho peor que el de Desembarco. Se casó de nuevo, fue violada, encerrada, amenazada, cosificada, odiada por la amante de Ramsay y además, debía ver a quien había traicionado a su hermano mayor y creía que asesinado a sus hermanos pequeños.

Tuvo que descender al pozo más oscuro para recoger todos los pedazos que quedaban de ella y reconstruirlos, sabiendo ya qué era lo que sus padres le habían escondido. Ella recuperaría el norte y ella construiría su propio hogar, su lugar seguro. Había aprendido que estaba sola y que debía luchar con todo lo que sabía.

Tuvo el valor de enfrentarse a Ramsay, de tirarse desde las almenas de su casa en caída libre, de escapar con Theon, de atravesar aguas heladas, de caminar por la nieve sin agua ni comida hasta que Brienne los encontró. No era débil por dejarse ayudar en ese momento. Ya había demostrado hace mucho el inigualable valor y poderío que había desarrollado.
Llegó al Muro, se unió a su hermano y cuando creía que ya llegaba su momento, que podría empezar a trazar su plan, convencida de su valía, su autoridad se vio cuestionada por todos los hombres que la rodeaban. Ella no entendía el motivo, porque ella sabía que era tan válida como ellos. El problema que tenía es que se encontraba frente a ignorantes que no cuestionaban sus valores ¿Cómo iban a cuestionarlos personas que solucionaban sus conflictos matando, robando y violando?

Sansa Stark

Sansa Stark tuvo que amoldarse al mundo creado por los hombres para hombres si quería conseguir algo. Tuvo que imitar a esa mujer que tanto odiaba, Cersei, y aprovecharse de su condición de mujer para salvar a su hermano Jon de una muerte segura por no escucharla.
No. Ella no blandió la espada, ni cabalgó hacia Ramsay, porque hizo lo que sabía, lo que había aprendido y desarrollado sola: su inteligencia.
Fue capaz de observar cómo Ramsay Bolton moría desmembrado por sus propios perros sin parpadear. La Sansa de trece años que soñaba con un príncipe se horrorizaría solo de pensarlo.

Por desgracia, la pelea de Sansa no ha terminado. Tiene muchos frentes abiertos y carece de la suerte de poseer tres dragones, aunque gracias a su determinación y arranque, está donde está, solo por ella, dueña de su propio destino.
El mayor de sus problemas llegará con Arya, cuando crean que una mujer fuerte es como ella, cuando desprecien su autoridad y sabiduría, cuando la manchen con bilis machista pronunciada por su propia hermana, quien en vez de abrazarla y aceptarla, la acusa de ser ambiciosa y querer ser “reina”, quien es tan inmadura y está tan cegada por el patriarcado, tanto como para creer que solo se es fuerte si se parece a un hombre, que cree que el intento de su hermana de ser dueña de su propia vida no es nada más que ambición personal. Un Victim blaming en toda regla de una mujer que solo siente admiración hacia quien es capaz de vencer al Perro pero no de quien soportó vejaciones, violaciones continuadas, humillaciones, maltrato psicológico y físico, sentimientos de culpabilidad y frustración, oscuridad y desesperanza.

Arya es el espejo de nuestra sociedad, de las personas que dicen que Sansa solo es una inútil que no pasa página. Los mismos que no saben ver la hazaña de conservar la esperanza y la humanidad después del tortuoso camino que se vio obligada a seguir. La misma que desilusión tras desilusión, cosió los pedazos de su alma día tras día, para mantenerlos juntos y decidir su destino. No en vano, es una gran costurera.

Todo el que dice cuando le explicas esto que: “muy bien, ha sido duro pero que lo supere ya” no tiene ni idea. No tiene ni idea de que precisamente porque está más que superado actúa así. Proyectan su imagen porque ellos son los machistas, ellos interpretan los indicios a raíz de su bagaje cultural, como dirían los semióticos rusos. Ellos son los que quieren hacer de Sansa una mujer débil e inútil porque no saben cómo actúa una mujer fuerte, no la entienden ni hacen por entenderla. Están demasiado cómodos en un sistema de valores que les favorece y son demasiado egoístas como para ceder parte de sus privilegios.

Por eso, estoy segura de que el día que hayamos avanzado ética y socialmente, los hombres verán Juego de Tronos y serán capaces de encontrar en Sansa a una de las mujeres más fuertes de la serie, la historia de muchas en la vida real aderezado con vestidos medievales y guerras de intereses.

Chicas, es la prueba de fuego. Ninguno admitirá que es machista por sí mismo. Preguntadle por Sansa y hallaréis la respuesta que buscáis, demasiado complejo como para que se den cuenta de lo que pretendéis.

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